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Los árboles del desafío

 

 

 

          En el río Grande de Térraba crecían muchos árboles, pero había una especie muy especial, eran enormes,  con ramas que se extendían sin hojas, semejantes a tenebrosos dedos, y en la noche parecía que lentamente se movían y esto asustaba a las personas que por ahí pasaban.

          Según cuenta una antigua leyenda de los indígenas de la zona, los árboles cantaban en armonía con las danzas y cantos de su pueblo, que eran sagrados y que sus poderes los habían protegido por generaciones, pero todo esto a las personas de hoy día les parecen fantasías y ahora su canto asustaba a las personas que corrían despavoridas, y que al final no sabían si era real, o simplemente el murmullo del viento entre las ramas.

          Cierto día, un niño y su padre que pasaban por ahí, les pareció oír un ruido, se detuvieron ; y de pronto sintieron un frío horrible que recorría todo su cuerpo , y el crujir de ramas los hizo voltear la mirada hacia los árboles, cuál fue su asombro al ver que los árboles extendían sus ramas hacia el camino como queriendo atraparlos , y lo que antes parecían cantos se convirtieron en lamentos y súplicas de profundo dolor , el padre corrió; corrió tan rápido que olvidó por un instante que su hijo estaba a su lado , la oscuridad de la noche y la enorme luna llena hacía que la silueta plateada y negra de los árboles trajera a la mente del asustado niño los más siniestros cuentos de horror que había escuchado , el simplemente no pudo moverse , no porque no quisiera si no porque las piernas no le respondían , pese a las súplicas de su padre, él continuaba inmóvil.  Uno de los árboles más grandes se inclinó hacia el niño, que continuaba perplejo.

          Con su voz ronca y como sacada del más allá , le dijo que no tuviera miedo que ellos no eran malvados, y que no le harían ningún daño , le contó que habían poblado esta tierra desde hacía ya cientos de años pero que estaban siendo totalmente destruidos, quemados y cortados, la mayoría de sus hermanos habían muerto ya quedaban solo unos pocos y que necesitaban ayuda , pero no sabían cómo pedirla pues cada vez que lo intentaban la gente se llenaba aún más de miedo y con mayor razón los continuaban cortando.

Al regresar con su padre, narró lo sucedido y le pidió ayuda para salvar los árboles y el río, pero su papá, no le creyó, y le pidió que no le contara a nadie más, pero el niño no se detuvo y buscó ayuda entre las personas de la comunidad, y todos le daban la misma respuesta, un no rotundo y lo empezaron a llamar “loco” y a decir que aquellos árboles lo habían embrujado ; hoy aún se pueden escuchar el canto de aquellos árboles , que piden ayuda, y que nos desafían a escucharlos como lo hizo un día aquel niño que con los años se cansó de luchar y simplemente dejó de escucharlos para no ser tomado como loco.

 

Autora: Ana Yerly Cascante Céspedes.

Seudónimo: Ana

Cuarto año.

Escuela Las Lomas.

Primer lugar circuital 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los climas olvidados

 

 

 

          Me levanté esa mañana del 1 de abril del 2543 con mucho dolor de espalda, quizás haya sido por dormir encima de una roca que me pareció de primera entrada cómoda.  Lo primero que hice fue ver cuánta comida me quedaba, lamentablemente sólo quedaban cinco latas de frijoles.  Sabía que era urgente buscar comida, miré mi brújula para saber qué dirección tomar.  Al mirar mi brújula recordé cómo la había obtenido, fue un regalo de mi padre cuando apenas tenía ocho años de edad, él me la dio con una sonrisa diciendo “Para siempre encontrar el camino a casa”.  Decidí ir rumbo al sur porque al norte solo había un bosque extenso y peligroso.

          Caminé por dos horas antes de encontrar una rata para desayunar, son repugnantes, pero son buena fuente de proteína.  Seguí caminando por otras dos horas, pero no encontraba nada, decidí descansar cerca de un arroyo para poder llenar mis botellas de agua, en ese instante me resbalé y quedé inconsciente.

          Me desperté seis horas después.  Ya estaba oscureciendo y yo no había recorrido mucho territorio, esto era un problema muy serio ya que vi un par de lobos caminando hacia el sur en busca de comida y creo que ya casi me iban a alcanzar; por eso decidí meterme en una cueva muy cercana.  Esa noche tuve un sueño muy vívido, soñé que estaba en la jungla del Amazonas con un clima muy tropical húmedo, siendo perseguido por un jaguar hambriento; cuando me pude escapar del jaguar, encontré un gran templo que parecía que nadie había tocado en miles de años; mi curiosidad le ganó a mi lógica y entré.  El lugar era muy húmedo y casi no había luz, ya iba a salir cuando encontré un foco, lo que me pareció muy extraño, porque estaba en un templo olvidado, pero era un sueño, así que no tenía mucha lógica.  Al adentrarme más encontré oro en cantidad enorme, cuando tomé un poco todo el templo empezó a derrumbarse, intenté correr lo más rápido posible, pero me tropecé y me aplastó un pedazo de piedra enorme, en ese instante me desperté a las seis de la mañana sudando y gritando.

          Después de comer algo seguí en mi camino rumbo al sur.  Caminé hasta encontrar una bici vieja y oxidada, sabía que no iba a durar mucho pero me monté de todas formas porque ya estaba cansado de caminar por casi tres días desde que me separé de mi hermano que dijo que me esperaría al otro lado del río.  El clima en esta ciudad era muy hostil, casi nunca salía el sol, las nubes eran negras de la polución y el agua negra.  Pude  llegar a las afueras de la ciudad y el camino adelante no me pareció nada fácil.

          Cuando se oscureció tuve otro sueño, esta vez estaba en el Polo Sur, en medio de una tormenta de nieve.  Cuando encontré una cueva de hielo un yeti me atacó y caí al menos por dos minutos. Terminé de caer me encontré adentro de una estación científica que estaba estudiando los minerales del Polo Sur. Le pregunté a un científico ¿qué estaba pasando?  Dijo- que descubrieron un mineral nuevo y que iba a ayudar a la humanidad para siempre y después de que me dijo esto me desperté.  El siguiente día al fin llegué al río y vi a mi hermano  esperándome eso me provocó mucha felicidad ya que estaba harto de caminar.  Me subí al auto con él y no dijimos ni una palabra, ya que no estábamos acostumbrados a hablar.

          El manejó toda la noche y yo dormí, esa noche tuve otro sueño aún más increíble que los últimos dos, soné que estaba en el desierto del Sahara montando un camello con ropa de sarraceno y una espada peras con mango de oro y la hoja de acero.  Después de andar en camello  por una hora me encontré en las pirámides, eran increíbles, parecían recién construidas.  Decidí entrar en la pirámide de Keops porque era la más grande, encontré su cuerpo y casi cuarenta kilos de oro en monedas, me sentía como el hombre más rico del mundo hasta que el faraón se despertó, me atacó y me desperté.  Cuando me desperté mi hermano ya no estaba y yo estaba solo en el carro.  Cuando salí vi su cuerpo en la calle y me asusté, pero no me afectó mucho porque ya no había vida en su corazón desde que murió nuestra hermana, nunca averigüé cómo o por qué se murió y tampoco me interesó.  Decidí seguir.

          El carro se quedó sin gasolina y tuve que salir, estaba muy cansado y me dormí en una casa abandonada, esa noche no soñé nada y eso me asustó mucho porque cuando yo no sueño significa que algo muy malo va a pasar.  Esa mañana me desperté con dolor de cabeza, estaba muy aturdido; hasta que mi vista se enfocó me di cuenta de que el piso de la casa se había derrumbado y estaba en el sótano, en el sótano encontré gasolina y un poco de comida.  Me metí en el carro, manejé hasta una zona donde había gente y ahí me casé y pasé el resto de mis años en la comunidad sobreviviente hasta que el meteorito pegó a la Tierra.   El meteorito devastó todo y a todos, yo me desmayé cuando impactó a la Tierra.  Cuando me desperté, el aire estaba sucio y muchos estaban muertos, pude encontrar a mi familia sana y salva, ahí fue cuando decidí largarme de este planeta destruido.  Los últimos treinta años los sobrevivientes se han estado reuniendo y preparando para irse de la Tierra.

          Con suerte, esta experiencia causará que la humanidad mejore.  Si iniciamos un nuevo mundo, ¿por qué no hacerlo de buena manera? Siento confianza, podemos convivir como hermanos.  Veo el futuro con optimismo, al igual que mi familia.

 

Diego López Salas.

Centro Educativo Pindeco

Seudónimo: Diego.

Noveno año.

 

                                     BuenosAires15                                                                 

 

                                                                                                                                             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
UN LUGAR LLAMADO PARAÍSO.

 

 

En tardes de verano el cielo se pinta de mil colores, los árboles se mecen con el viento, en el jardín las rosas semejan púrpuras o gemas con color de sangre.La vida flota en cada rama.¡Qué bello es mi mundo! Hay tantas cosas lindas.Los lagos y ríos con sus aguas cristalinas, el bosque con su hermoso traje color esmeralda… Se puede salir a hacer caminatas, jugar o pasear entre otras cosas.

Por las tardes los hermosos pajaritos con su dulce canto salen a embellecer el vestido del día.Las mariposas vuelan entre las flores, mientras los árboles continúan creciendo hasta casi hacerle cosquillas a las nubes.Se ven los duendes riendo y jugando como pequeños ángeles sin alas.

Un día pasó algo muy sorprendente; llegó un sapo llamado Lufus.Los árboles, las rosas y aguas cristalinas lo rechazaron por tan fea apariencia.

Lufus estaba muy triste porque se sentía rechazado.Generalmente se le veía sólo y triste en algún rincón de la hojarasca.

Tiempo después llegó al lugar una plaga de moscas torsaleras y comenzaron a contagiar a todos los habitantes de Paraíso. Las rosas se deshojaban, la arboleda tenía sus hojas mustias y los pajaritos dejaron de cantar en los atardeceres.

 

El sapo sintió un dolor profundo en su corazón al ver que las hermosas rosas morían lentamente; los arbolitos dejaron de crecer; todo se volvió un desastre. Lufus quería ayudar, pero no sabía en qué podía ayudar.

 

De pronto, Lufus tuvo una idea, como él era un sapo se podía comer a los mosquitos, moscas y grillos; entonces podía contribuir a eliminar la plaga de moscas y así lo hizo; pero eran muchos y él jamás podría hacerlo sólo. Llamó a otros de su especie con su poderoso canto anfibio.

 

Vinieron sapos y ranas desde la China, hasta la India, desde Inglaterra hasta Dinamarca; desde Groenlandia hasta Cabo de Hornos.

 

Entre todos limpiaron a Paraíso de aquella molesta plaga que tanto dolor había traído a los animales y plantas residentes del lugar.

 

Para quién, no conoce qué es este mal, sucede que los asquerosos insectos llamados moscas ponen sus huevecillos en algún animal con una heridaleve o grave y en cuestión de pocas horas, los huevecillos nacen y provocan una gran putrefacción, fiebre y dolor en el cuerpo del ser vivo afectado; a quién le queda sus días contados.

 

Una vez pasado el gran caos; la peste fue debilitándose. Algunos curiosos lograron observar la razón de ello. Desde ese día todos comenzaron a respetar más a los sapos. Cada vez que los veían los saludaban como si fueran grandes héroes y buena razón que tenían, pues eran los salvadores de Paraíso. Nunca más los volvieron a discriminar.

 

Desde aquellos días no muy lejanos, la tradición oral en la escuelita de animalitos de dicho lugar, tuvo su lugar para la historia de cómo los sapos salvaron a Paraíso. Ahora son días de buena convivencia y felicidad.

 

Autora: María Fernanda Camacho.

Escuela Holanda

Sección 5-2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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