
Bienvenidos al Circuito 01
Dirección Regional de Educación Grande del Térraba
Este es el Sitio Oficial del Circuito 01, ubicado en el Cantón de Buenos Aires, Puntarenas.
Estamos a su Diposición!
Contáctenos: 2730-0722
El ÁNGEL
Valor: valentía, paz, aceptación de la voluntad de Dios.
Ensimismada en sus pensamientos Rosalía caminaba a lo largo del acantilado. A su derecha la vegetación ocultaba la hermosura de aquella casa vieja donde vivía desde hacía dos años.
A su izquierda, a escasos pasos de donde se encontraba, un precipicio profundo y en picada descendía hasta besarse con las aguas espumosas de aquel mar verde. Una que otra saliente de roca filosa como cuchillos lacerantes se erguían majestuosas en las paredes del descomunal gigante granítico donde posaba sus pies.
Aquella paz le sosegaba el alma. Sin embargo, ya empezaba a echar de menos su antiguo empleo, que tuvo que dejar debido a su enfermedad.
Un ruido se oyó por los aires. Alzó la vista para ver en el acto un bello arco iris donde en medio y en contraste con éste se encontraba un ángel tocando un arpa. El ruido de pronto se apagó y el ambiente fue inundado por celestiales notas de aquel instrumento prodigioso.
Pensó que estaba soñando; fijó su mirada en él, como si estuviese en trance; pero pasado éste, se dio cuenta que él ángel había desaparecido. Entonces se preguntó si habría sido un espejismo, o acaso estaba perdiendo la razón. Fue entonces cuando alguien tocó su hombro.
Un bálsamo cálido recorrió su cuerpo, la brisa perfumada acarició sus sentidos. Despacio se giró hacia aquella presencia. Un hermoso joven rubio, de ojos celestes como pedazos de cielo, alto y muy guapo, estaba a su lado.
Rosalía sintió algo que nunca había sentido en su vida con aquel ligero roce. Entonces, él le dijo:
__ ¡He venido por ti!
Recién por la mañana había pensado que tenía miedo de morir siendo presa de aquel mal. Corrió a su casa muy asustada. Cerró las puertas y ventanas con llave, temblaba como una hoja movida por el viento. Ahí pasó todo el resto del día y la noche.
Al otro día al salir de su vivienda, lo buscó con la mirada, divisándolo a lo lejos en el filo del acantilado, parecía flotar sobre éste, pues era imposible hacer esto para un mortal, sin arriesgarse a daño alguno. Entonces, su corazón le dictó con más certeza de quien podría tratarse.
Ahora se encontraba sola en aquel refugio. Su abuelo y tío habían recién salido al puerto a vender queso y otros productos que ellos mismos fabricaban.
Se sentó a observarlo. La belleza del lugar comenzó a llenar sus sentidos y a inundar su alma de paz. Él continuaba ahí; a orillas del acantilado. De pronto, su vista comenzó a nublarse; el muchacho comenzó a ascender hasta desvanecerse en el cielo.
Aquel tumor maligno que tenía en su cabeza, le hacía ver visiones. Enseguida lo sintió moverse a su lado.
Fijó su vista en él y armándose de valor le preguntó:
__ ¿Podemos ser amigos?
__ Encantado –le respondió él. Una sonrisa se dibujó en su rostro.
Los días pasaron como pasa la brisa. Extasiados de felicidad.
A como crecía su amistad, también crecía su tumor; hasta que un día ella le dijo:
__ Contigo a mi lado ya no tengo miedo. Sólo sujeta mi mano fuerte en mi última hora.
Él tomó su mano y ella cerró los ojos mientras por primera vez conocía la alegría del primer beso, de ese beso de una chica enamorada.
Autora: Yara Castillo Prado. Escuela Holanda, Sección 5-A, 2012.
Valor: humildad
Kendall es mi compañero de escuela. Se creía el mejor portero del mundo y a veces se jactaba de ello, cosa que nos chocaba a todos, por lo que en muchas ocasiones sus amigos se alejaban de él.
Un día mientras estábamos en la escuela, Kendall le dijo a Yensy algo feo que la hizo sentirse triste; pues ella lo invitó a ir a la cancha el sábado a jugar para meterle un gol y él de forma jactanciosa le contestó de mala manera, humillándola.
Ese mismo sábado, Yensy le metió un gol a Kendall y todos mis compañeros se burlaron de él, pues tuvo que tragarse sus palabras de días antes, cuando con ironía le había dicho a mi compañera, de que “a él nadie le metía un gol y mucho menos una mujer”.
Pero como todos somos amigos, después de varios días, la cosa se nos olvidó y todos seguimos jugando como si nada hubiera pasado. Excepto Kendall, que a partir de ese día siguió siendo más humilde y buen compañero; pues aprendió una lección muy importante… y de una mujer futbolista.
Autor: Ramsés Fernando
Artavia Castro, Escuela
Holanda, Secc: 4-B, 2012.
LA HORMIGA Y LA ABEJA
Valor: trabajo, solidaridad, perdón.
Había una vez una hormiga muy trabajadora y una abeja hermosa y vanidosa que vivían en un bosque del norte. Un día la hormiga estaba en sus oficios limpiando su casa y jardín y recolectando comida, cuando se le apareció la abeja revoloteando entre las flores y lugares cercanos.
La pequeña hormiga deseaba ser como la abeja: hermosa y ágil. Hubiera deseado ser como ella para poder volar por los aires haciendo mil piruetas. Al verla ahí parado el insecto alado se acercó y la saludó.
__ Buen día hormiguita. ¿Quieres decirme algo?
__ Quisiera ser tu amiga. –Contestó la hormiga.
__ ¡Tú! ¿Mí amiga? Ja ja ¿Qué dirían los demás al ver una hermosa abeja mezclada con una fea y apestosa hormiga como tú? Creo que no. Sólo serías un atraso en mi agitada agenda. –Contestó la abeja, mientras alzaba el vuelo rumbo a su colmena.
La hormiga no dijo nada, pero tampoco le hicieron mella las palabras egoístas de la abeja. Continuó como siempre: alegre y risueña.
La tarde empezaba a dejar millones y millones de lágrimas sobre la tierra. La hormiguita se acurrucó en su cuevita calientita con una rica tasa de chocolate caliente. De pronto escuchó:
__ Auxilio. Auxilio. Se percató que alguien golpeaba a su puerta. Afanosa se dirigió a abrir su cuevita.De pronto se va encontrando frente a frente con la abeja toda maltrecha y herida. Rápidamente le abrió la puerta, la pasó adelante, le dio posada, le dio un rico chocolate caliente, mientras le curaba su alita y antena rota. Le colocó una frazada en su espalda y le dio una infusión de miel y flor de sauco para la intoxicación. La abeja por su parte se arrepintió de haber sido tan grosera con ella esa misma tarde y le pidió perdón por la ofensa que le había dicho. La hormiga la perdonó y fueron grandes amigas por siempre.
Autor: Eduardo Salazar Castillo, Escuela Holanda, Sección 6-A, 2013.
LA HORMIGA PEREZOSA
Valor: amistad
Érase una vez en una loma, donde habitaba un hormiguero, Vivían muchas hormigas valientes, fuertes y trabajadoras. Pero también había ahí cierta hormiguita muy perezosa y zafa lomo. Por ello a menudo era objeto de bromas de los demás.
Sin embargo, es que ella era muy sinvergüenza y holgazana, porque cuando quería, hacía las cosas rápidas y bien hechas.
Un día de mañanita, el hoyo amaneció con gran movimiento, pues se dieron cuenta que se acercaba el invierno y había que darse prisa en trasladar las crías y provisiones para sobrevivir a la inundación que se aproximaba. Había que trasladar todo el hormiguero a un lugar alto en una maceteara del jardín.
Resulta que a nuestra amiguita perezosa, por estar durmiendo, nadie le avisó lo que pasaba y se marcharon dejándola sola y abandonada como lección a su poca colaboración con el trabajo en la comunidad.
Cuando ella se despertó y se estiró, buscó enseguida por las madrigueras de su hogar a las demás y alimento, pero ¿qué sorpresa? No había nada, ni nadie… pareciera que todo el mundo se había ido de prisa y la habían dejado sola. Comenzó a vagar por los escondrijos de la madriguera y salió luego al exterior. Fue entonces cuando se le ocurrió buscar algún rastro por el camino por donde se habían ido. Notó que el sol alegre y brillante de siempre no estaba. Una gran lágrima caída del cielo le hizo saborear la tierra.
Tuvo que huir rápidamente y esconderse debajo de unas hojas de un gran matón de orégano, el cual débil a merced del viento quería derribarla a menudo. ¡Qué nochecita aquella! Entonces sí se arrepintió de haber sido holgazana en el hormiguero. Si hubiera sido más colaboradora no estaría viviendo semejantes calamidades.
Una vez pasado aquel torrencial aguacero, bajo de su refugio para buscar un lugar mejor. Caminó y caminó hasta que por fin encontró una familia de ratones y les pidió una noche para dormir porque no tenía dónde hacerlo.
Ellos aceptaron y ahí pasó la noche. Pero por tres días hubo temporal y le fue necesario pasar refugiada con ellos, quienes se acoplaron en perfecta convivencia con el insecto.
Una vez que pasó los días de lluvia, ella quiso despedirse de ellos y continuar buscando a su familia, más los ratones le dijeron que se quedara. Al fin y al cabo no sabía dónde podrían estar y más adelante ellos le ayudarían a buscarla.
La hormiguita aceptó. Desde ese día es más hacendosa y trabajadora. Ya la pereza no hace presa de ella, pues no quiere volver a vivir la dura prueba que tuvo que vivir.
Meses después volvió con su familia, quienes se encontraban en lo alto de las camas de lechuga. Nada le dijeron porque sabían de antemano que si estaba ahí era porque había aprendido la lección.
Autora: Marián Barrantes Mena, Escuela Holanda, Sección 6-B, 2013.
SELVA ADENTRO
(Cuento)
Valor: respeto y valentía.
Ese día salí muy temprano de la casa de mi tía. Tenía que ir dando un gran rodeo a la casa del Cholo Manuel, que quedaba cerca de la playa; así que se me ocurrió ahorrar camino y tirarme selva adentro en línea recta. Lo malo es que no logré anticipar con precisión la difícil geografía por la cual debía transitar.
No más empezando, me tocó que descolgarme por tamaño guindo, que de solo acordarme se me paran los pelos. ¡Cómo me costó salir de ahí!
En un recodo del camino me encontré vestida muy linda a la gatita presumida. Me llamó mucho la atención el hermoso vestido color cielo que llevaba. Yo me lo quería poner, pero no lo logré… pues, ella era muy rápida.
Seguí mi camino, rumbo a la casa del Cholo Manuel, ya iba muy cansada y no llevaba agua, ni nada para tomar. En media selva me encontré con un trillo y decidí seguirlo; pero dio la mala suerte, que ahí había un manigordo. Casi me muero del susto… tuve que salir corriendo. Él me alcanzó… así que me trepé a un palo y ahí estuve varias horas. Gracias a Dios que el animal ese, estaba lisiado y no pudo alcanzarme.
Al fin el manigordo se fue, así que me bajé y crucé la mitad de la selva a toda carrera.
Ya casi llegando donde el Cholo Manuel tenía que cruzar un río y yo casi no sabía nadar; vale que había un gran palo atravesado más abajo y por fin llegué a mi destino.
No quedé convidada a aventurar tales peripecias por pereza a poner un poquito más de trabajo a mis quehaceres. Desde entonces recuerdo aquel consejo que me dio Manuel cuando le conté mis apuros: “Nunca camines por derechuras”.
Autora: Yensy Hidalgo Fuentes.
Escuela Holanda, Sección 5-B, 2013.
Un día en una granja de las grandes colinas nació un patito blanco y café, a quien le gustaba mucho nadar, como todo buen pato que era. Pasaba sus días cazando moscas, peces, correteando a sus hermanos y nadando. Un día el espejo en el agua lo sorprendió con la mirada de un hermoso mozo que lo miraba directamente, pestañeó y el retrato también lo hizo, le guiñó el ojo y aquel guapo pato también lo hizo, aleteó y la imagen se quebró en mil pedazos en el agua. Se había convertido en todo un galán y señor. Y él casi no se había dado cuenta. Desde ese día cambió y se condujo en la granja con aires de grandeza.
El patito de este cuento era muy dormilón.
Un día trajeron un nuevo gallo al corral, quien como joven responsable que era, muy tempranito despertaba a todos los habitantes de la granja para que les rindiesen sus oficios durante el día; pero el pato no se quiso despertar.
El gallo nuevamente cantó:
__ Quiquiriquí, el sol ya está aquí. – pero tampoco se quiso levantar.
Entonces nuestro amigo el gallo volvió a cantar:
__ Quiquiriquí, dormilón despiértate.
Muy enojado el avechucho cogió un huevo y se lo pegó en la cabeza al gallo, quien airado y haciendo tamaño bullaranga se marchó. Al ver que le habían espantado el sueño, se levantó y medio dormido salió del gallinero, chocando algunos pasos adelante con una gallina que estaba en el camino.
Como estaba de mal genio, le dijo un montón de groserías a la señora gallina. El perro quiso intervenir preguntando lo que ocurría, recibiendo en el acto un rosario de ofensas y picotazos de aquel plumífero amigo.
Enseguida muy orondo se dirigió a la laguna.
Pero resulta que semejante acción despreciable, tuvo sus consecuencias, porque durante todo ese día, sus amigos se alejaron de él y lo dejaron sólo, aprovechando la ocasión el zorro para pillarle desprevenido, mientras por la tarde se dirigía hacia su nido.
El pobre pato chillaba, mientras el zorro lo llevaba maizal adentro. Apareció como por arte de magia el perro, quien alertado por el cuac, cuac de aquel avechucho, causante de la desagradable experiencia de la mañana, se entregó a la persecución, agarrándose en el acto con el zorro, mientras el pobre patulenco, un poco maltrecho y con unas cuantas plumas menos salía corriendo como alma que se la lleva el diablo.
Al siguiente día se sentía mal. Y no sólo por el susto del día anterior, sino porque sabía que había actuado mal contra sus amigos, especialmente con el perro que le había salvado la vida. Entonces uno por uno les pidió perdón. Todos le perdonaron y el amigo pato aprendió bien la lección y no volvió a irrespetar a sus compañeros.
Autor: Andrés Chanto Abarca, Escuela Holanda 5-B, 2013.
UN SÁBADO MUY DIFERENTE
Valor: reflexión
Los gallos de Licho, anunciaban un pronto amanecer. María daba vueltas en la cama tibia, que no quería abandonar. Eran cuatro años de no tener un fin de semana ni deseos de pasear o divertirse sabiendo que su padre se mantenía lejos de su vida cotidiana.
El canto de los gallos finos de pelea, golpeaban la conciencia de María ¡Hora de levantarse! Podía más el deber de hija… corre a la cocina y en un santiamén los bolsos están listos. A María la impulsa el sentimiento, cuando recuerda que su padre decía encontrar el excremento de ratas en el arroz que le traen de comer con un pedazo de chayote en agua con sal. En tazas transparentes alista la carne, el arrocito, pinto con carne, plátanos maduros y queso. Claro no podía faltar una botella con café con buena leche. ¡Todo lo daría por verlo libre y feliz!
El reloj marca las seis de la mañana, los gallos dejaron de cantar, hora de subir al auto y conducir lo más rápido posible para no quedar tan atrás en la fila, pues las setenta y cinco fichas las entregan a las cinco de la mañana. Difícil para los que viven lejos. A la distancia, se puede divisar cientos de personas una detrás de la otra en filas con caras tristes y mente ausente.
El sol descarga su rabia sobre la fila ordenada que avanza lentamente, se escuchan los lamentos de las madres que llegan a visitar a sus hijos quienes apenas superan los dieciocho años. Las esposas con los niños a vivo llanto por el calor y ansias de ver a sus papitos, que esperan tras las rejas que limitan su libertad.
María recoge en la mente aquella angustia a su alrededor, años antes, también hubiera dicho como tantos inconscientes “por algo están ahí “. Ahora que diferente se ve la vida. Y entonces, le une a ellos un sentimiento de dolor común.
A lo lejos puede ver el cabello cano de su viejito tomado de los gruesos barrotes de hierro, con sus manos temblorosas, esperando…
El paso por la revisión es penoso, las custodias revisan con sus manos todo su cuerpo dando una sensación de incomodidad a veces indignación, pero no queda más que resignarse y continuar. Los alimentos son revisados sin cuidado alguno. Los encargados de hacerlo, lucen cansados por largas horas sin dormir y siete días presos en aquel penal.
Algunas personas acostumbradas a muchos años de visitas colaboran quitándose la faja, los zapatos, alhajas y otras prendas.
También se puede ver señoras hermosas, con su cuerpo cubierto de tatuajes, ropas ajustadas, mascando chicle de forma descuidada, su vocabulario es vulgar. Y que a nadie se le ocurra mirarla de manera extraña porque ahí mismo le hace problemas, le amenaza con pegarle cuando salga. Siempre hablando mal de las personas dejan salir los sentimientos, que guardan en el alma. A veces se les escucha comentando cuánta droga ha pasado una o la otra. Es mejor ser indiferente y no mirarlas a los ojos.
Cuando se ha superado la odisea, llega donde espera su amado anciano.
Es contradictorio, afuera el tiempo pasa tan rápido y sin embargo, adentro parece detenerse aquel reloj.
La mesita de madera construida con sus propias manos luce alegre con el mantelito blanco que el anciano desde las cinco de la mañana ha preparado. Apenas llega María, el anciano le cuenta todo lo sucedido durante la semana, los amigos que se enfermaron, los que están tristes u olvidados por su familia. Se desahoga un poco. También le cuenta a cuántos de sus compañeros llevaron al hospital y que en los pabellones de abajo hubo más de un apuñalado. Seguro por drogas o por defender sus pocas pertenencias cuando las pandillas con poder, ahí adentro, se les ocurre quitarle las cosas a otros.
Llega tristemente el final de la visita, los que no reciben a nadie colocan un tarrito con un hilo por entre los huecos del block, piden limosna con gritos ensordecedores, que quedan gravados en la mente de los visitantes.
El anciano llega al portón, da un abrazo y María ve rodar por sus mejillas una que otra lágrima mientras le bendice para que tenga un buen regresa a casa.
La semana vuelve a iniciar, antes de borrarse en la mente de María, los gallos de Licho vuelven con su triste canto, a recordar que es hora de levantarse para correr a visitar a su padre. Y observar de nuevo el dolor vestirse con su forma humana.
Nombre: Mariluz Calderón Barboza
Escuela San Luis. Circuito 01.
LAS AVENTURAS DE CALCETO Y CORBATO
Valor: educación para la paz.
En un lugar muy lejano, donde según las habladurías, el Diablo no iba porque le daba pereza, allí había un pueblo llamado Calcetolandia. En este lugar, ocurrían algunos asuntos muy divertidos, allí moraba la paz y del racismo ni se había oído jamás, porque todas las personas se reconocían como iguales. Todos los calcetas vivían felices, como en los más soñados cuentos de príncipes y princesas.
Sin embargo tenían un gran problema con los vecinos del pueblo de al lado, llamado Corbatolandia, en este pueblo el conflicto más grande era que los corbatos no sabían lo que era pasar un solo día en paz, sus discusiones y pleitos eran constantes. Unos se goleaban con otros por diferencias como que unos tenían rayas y otros no: otros se rasgaban sus cuerpos porque estos tenían cuadros y aquellos carecían de ellos, porque eran lisos o sin ningún diseño…
En fin, aquello era guerra eterna. Asó también solían pelear con los vecinos de Calcetolandia por su extensión territorial ya que Calcetolandia era mucho más grande que Corbatolandia. Pero en realidad, ¡Creo que el mayor conflicto era el saber, que en cientos de años, no había llegado el Diablo a pegarles un buen susto!
Pero cierto día en que el sol brillante se había escondido y en el cielo bailaban las más siniestras nubes, uno de los calcetos marca Nike, encontró a una corbata de cuadros marca Calvin Klein invadiendo el pueblo para tratar de hacer estragos, pero lo que no sabía el corbato era que los calcetos estaban preparados como el más entrenado ejército, así que en aquel momento retumbó en el firmamento la presencia de los Puma, Addidas y Reebok, por lo que cuando el corbato los vio fue como haber visto al mismísimo Satán, huyó con la velocidad del rayo hacia su patria Corbatolandia.
Los días corrieron jugando como los traviesos niños y se extraviaron en la distancia del tiempo; pero cierto día de especial calidez uno de los calcetos que estaba muy afligido en medio de tan sangrienta guerra, vio a un corbato sentado en una dura roca, con el ánimo caído como los árboles que no aguantaron más los recios vientos. Ambos personajes intercambiaron a través de su mirada el dolor de los dos pueblos y comprendieron que había que intentar un alivio a tanta pena; así que se dijeron _en nosotros nacerá hoy la semilla de la paz y la esparciremos en nuestros pueblos hasta verla echar raíces y extenderse por todos los rincones.
Fue así como decidieron convertirse en superhéroes sin violencias; desde ese glorioso día vistieron un traje distinto para que nadie los confundiera, en los pueblos eran llamados Los Magníficos, porque sin demora llegaban al instante donde quiera que se les necesitara.
Combatieron la malicia entre los pueblos, enseñaron que las armas solo producen más guerras, que la violencia solo engendra más crueldad y represalias. Para conseguir su propósito hicieron oración, realizaron charlas de participación ciudadana y poco a poco empezó a reinar la paz.
No cabe duda que aún hoy se puede encontrar en algunas esquinas de estos pueblos, algunas raíces de la mala plaga, duermen plácidamente porque según ellos allí nunca llegará el Demonio, más están equivocados porque dicen que el Diablo compró motocicleta y a gran velocidad avanza llevándose a su paso a todo el que encuentra en su camino, es por eso que yo no quiero estar en esa ruta.
Steven Villanueva Guzmán. Secc 10-2. CTPBA
UNA HISTORIA MÁS
Valor: reflexión.
__ ¿Por qué lo hizo? –Se preguntó ella- ¿Dónde estaba yo para él?
__ No te puedes culpar, no podíamos haber hecho nada, tú eres una buena madre –dijo el esposo quien trataba de ser fuerte por su esposa.
__ Era mi hijo, debí haberlo previsto.
Sonó la puerta, la policía había llegado para atender el llamado de un hombre, que alarmado pedía auxilio por que en la habitación de su hijo encontraba éste ahorcado.
Al entrar los visitantes a la casa, el dueño se dirige a uno de los oficiales; mientras su compañero camina en dirección de la sala, donde en un mar de lágrimas se hallaba la madre.
__ Buenas noches, recibimos el llamado, de que un joven se había ahorcado.
__ Sí oficial, están en la habitación de la segunda planta. –dijo el padre a punto de romper el llanto,
__ Voy a revisar la escena de los hechos. Por favor me lleva a la habitación donde se encuentra el cuerpo. – dijo el oficial.
__ Sí sígame. -le dice el hombre.
El compañero uniformado mientras tanto observa y calla tratando de registrar información en su memoria. Al final quedan solos en la salita y decide interrogar a la madre, quien no para de llorar.
__ Señora ¿le puedo hacer unas preguntas?
__ Si oficial, cualquier cosa con tal de saber qué le pasó a mi hijo –exclamó la señora haciendo un gran esfuerzo por recobrar su compostura habitual.
__ ¿Cuénteme la versión de los hechos?
__ Acabábamos de tener una discusión por la boleta de calificaciones del colegio.
Y fue así como poco a poco, el recuerdo de lo sucedido minutos antes, volvió a su mente y comenzó a narrarle la historia. Durante la cena de esa noche, la madre tomó en las manos el sobre de calificaciones y lo leyó.
__ ¿Qué es esto? ¿Qué son estas notas? Por el amor de Dios…. ¡Estás reprobado en todas las materias!
__ No sé qué me pasó mamá. Tal vez sea el hecho de que en el colegio hay una pandilla de carajillos que me maltratan, me golpean y me amenazan, me quitan las cosas y se burlan de mí por hablar distinto y por mi apariencia física.
__ Eso no es excusa, hay personas que lo pasan peor que usted y salen adelante. Sabe yo creo que usted salió mal por el hecho de que siempre tiene ese bendito teléfono y pasa pegado a él.
__ Yo solo lo uso para leer información.
En ese momento el joven se levantó de la mesa dejando su plato a medio comer y con lágrimas en los ojos se fue a su cuarto.
La madre rompió nuevamente el llanto. El dolor y la culpa de ver que había contribuido a la precipitada muerte de su hijo le taladraban el alma…. Murió estando molesto con ella.
__ ¿Señora qué más sabe de los problemas que tenía él en el colegio?...Y el sonido del teléfono interrumpió al oficial.
__ Permiso debo contestar la llamada.
__ Cómo es que el inútil de tu hijo reprobó todas las materias, es peor que un hongo parásito. Yo que vos lo echo de la casa. _Era la voz de su joven hermana. Con cada palabra escuchada sentía su corazón de madre destruirse.
__ Mi hijo está muerto. Se suicidó. Terminó la madre con un llanto histérico. Un silencio incómodo se hizo al otro lado de línea, llenando de sentimiento de culpabilidad a la tía del muchacho.
__ Perdón no era mi intención…No lo sabía. _ Y se cortó la llamada.
La cara de la madre se transformó a un dolor aun mayor al que ya tenía, por saber cómo su familia y ella misma habían contribuido a rodear a su hijo de un ambiente tan poco comprensivo…. Y pensar cuántas veces tendría que haber soportado cosas así, como para amorillare a hacer lo que había hecho.
__ Señora ¿se siente mal?
__ No. ¿Qué era lo que me estaba diciendo?
__ ¿Qué si su hijo ha tenido más problemas usted sepa?
__ No señor. Casi no hablábamos.
En eso llegó el compañero del oficial, con un papel en la mano.
__ Encontré la carta del motivo del suicidio. Enseguida se la entregó a la mujer. Ella con manos temblorosas tomó la carta, pero no pudo leerla. El dolor era tan grande, que fue el oficial, quien procedió a leerla.
__ “Hoy no pude más con estos sentimientos, durante años me han molestado por mi apariencia. Siempre me he sentido solo y rechazado por ser gordo, pequeño y por mi manera de hablar, y descubrí que los amigos no existe ellos solo nos utilizan. Pero lo peor no son las personas ajenas a mí, sino mi familia que me grita y para ellos soy solo un parásito al que deben extirpar y echarle de la casa, a los cuales siempre he tratado de complacer pero nunca he podido saber que esperan de mí. Y a una madre le digo que aunque no nos conocimos, la quiero. Pero es que al fin al cabo solo seré un recuerdo más en la cabeza de muy pocos, una murmullo que nadie escuchó.
Poco después de que el oficial llamara a los forenses y estos se llevaran el cuerpo, el oficial tuvo que retirarse con su compañero.
La casa, donde los gritos y peleas eran el plato de cada día, ese día se quedó sumida en el silencio. La madre en los brazos del esposo, se unía en un coro de llanto y lamento, pero, ¿para qué lamentarse ahora, si sus problemas siempre fueron más grandes, que los de su hijo?
El entierro por fin llegó.
Hacia una semana del trágico hecho, pero el dolor seguía latente. El único cambió fue una familia dolida, que ahora expresa arrepentimiento.
__ Lo siento señora. Yo de verdad le quería. –Le dijo un joven y hermoso rostro de sus compañeras de clase. –Sé que debí haber hecho algo cuando aquellos barbaros e insensibles lo maltrataban. Tal vez si hubiera sido más valiente, esto no habría pasado… en verdad lo siento.
__ Yo todavía me pregunto qué hubiera pasado, si yo como su madre, le hubiese dedicado el tiempo, que él realmente se merecía…. Pero el daño ya está hecho. Y con esta culpa he de cargarla hasta el día que me muera.
Y así como la compañera del joven, vinieron muchos más que se disculparon con ella y su esposo; pero porque los seres humanos esperamos hasta el final para pedir disculpas y cambiar de actitud, debió morir un joven para que su familia, compañeros y conocidos se dieran cuenta de lo especial que era como individuo y la mala convivencia que había, quizás si se hubieran tomado un tiempo para hablarle y conocerlo se hubieran dado cuenta de que lo que nos hace distintos es lo que llena de emoción y gozo este aburrido y monótono mundo.
Autor: Jorge Araya Alfaro. Secc 11-5
Colegio Nocturno de Buenos Aires.
TATUADOS CON EL MAL
Valor: respeto por nuestros mayores, reflexión, amor a la familia.
Andaba en la primavera de mis cortos dieciséis cuando embriagado por la constante prisa, mientras me aprestaba para reunirme con mis compañeros de colegio; resbalé y junto a mi equilibrio perdí la conciencia, y mi abuela Chepa que estaba en el pasillo voló por los aires como avecilla mensajera. Y yo, en medio de fatigadas estrellas oí la voz de mi fallecido abuelo Leví.
Durante aquel diseminado sueño observaba el lívido rostro de mi querido abuelo quien me ofreció su cuerpo y deambulé en él durante cuatro horas, ¡veinte años de agonía!
Sufrí la carcajada burlesca que resonaba en la lejanía y se apoderaba de mi pecho, quise correr pero mi pesado cuerpo no respondía. Miré con dolor las asqueadas caras de parientes y amigos por mi sola presencia. Intenté ponerme en armonía como la guitarra persigue al mal cantor, pero fue inútil, entre más trajes me puse más desubicado quedé. Recurrí inútilmente a mis desactualizados chistes, pero mi humor ya no atinó.
Escupí el hígado y las vísceras, entonces recordé mis medicamentos y corrí hacia ellos, pero alguien más veloz que el mismo Eolo los había escondido. El sol cerró sus ojos, la noche se abrió paso y el cielo soltó el llanto solidario por mi desgracia.
Se aproximaba la Semana Santa y de repente cayeron como granizos recuerdos de años pasados. Sabía que mi destino era de nuevo el hospital mientras mi familia disfrutaba sin mi odiosa presencia.
Descubrí que era yo el mismo mozo de mis dieciséis, atrapado en un cuerpo cansado por la tempestad del tiempo, quebrantado por los años, entonces comprendí también el dolor físico y sentimental que padecen los abuelos, desterrados en un rincón maloliente y olvidado, lápida en vida en que los recluyen las familias.
Un diluvio rodó por mis mejillas e inundó todo mi ser, cuando sentí que me ahogaba en el mar de mis propias lágrimas, desperté de mi inconsciencia, y pregunté de inmediato por mi abuela Chepa, pues tenía presente que ella había sufrido un empellón de mi parte cuando me caía, pero ya no estaba, mi madre y hermanos la habían hecho culpable de mi supuesta desventura, porque como aseguraban, sin duda, ella había sido el objeto estorboso que me había mandado al suelo.
Corrí con la habilidad de la liebre perseguida por el furioso león, llegué hasta el cuarto de mi abuela ubicado en lo más recóndito de nuestra casa y la abracé como jamás lo había hecho.
Hoy treinta años más tarde, me aterroriza pensar que ahora como ayer vivimos atrincherados en nuestro propio yo, tatuados con la penumbra del mal; hurtamos las fuerzas póstumas de los agotados titanes.
Sin percatarnos estamos malditos a languidecer mañana como la serpiente emplumada, águila altiva devoradora de helados polos, que más temprano que tarde caerá en tierra para ser desgarrada por el inevitable buitre.
Preñamos con nefastos horrores las entrañas de nuestros hijos. Surcos oscuros les heredamos a nuestros pequeños, para que luego nos entierren allí.
Es la temporada de esparcir buena semilla, es momento de enderezar el árbol torcido, el tiempo de la cosecha llega y todos esperamos los mejores frutos, mas aquel que insiste en sembrar enredaderas de veneno, alimenta con ellas las bestias que lo habrán de devorar, el día de mañana.
Autora: Roxana Obando. 1er. Lugar en cuento, Circuito 01.
Colegio Técnico Profesional de Buenos Aires.
NANY Y LUCKY
Valor: respeto por la vida, dignidad humana.
SSS……SSSSS…. SSSS...SSSS…
Espera Lucky, espera…SSSS…
En medio del silencio de la noche, se escuchan los sigilosos pasos de una dama, en la penumbra de aquella habitación, con los zapatos de tacón en sus manos para no despertar a su pequeña Nany; una falda corta, exceso de pintura en su rostro, aromas de fragancias fenoménicos con tintes de seducción, una noche más de trabajo.
Aquella casa antiguo edificio en ruinas, de dos pisos, una estructura de madera marcada por el paso del tiempo, testigo de las vivencias de los trabajadores de las bananeras, rodeado por ventanales sucios llenos de telarañas y reventados por el viento, con el techo rojizo achicharronado por el sol férreo, paredes llenas de recuerdos épicos, amores, traiciones, felicidad, llantos y sueños.
La entrada era un verdadero laberinto, un hermoso y verde trillo, rodeado de altas veraneras entrelazadas que forman una exuberante muralla natural, belleza que solo Dios pudo crear. Así era la casona donde vivía Nany, tierra de nadie, desolación y pobreza, resguardo de vagabundos y miserables, en noches frías con aires de esperanza.
__Creo que ya mami se fue... – Exclamó Nany…
__Noooo, Lucky, no te duermas, porfitas Lucky, - replicó Nany.
__Ya mami se fue, al igual que todas las noches. Siempre se va cuando piensa que estamos dormidas, aunque no sé cuál es su trabajo, ella regresa en la madrugada, algunas veces con la mirada del sol naciente, pero siempre cargando en sus brazos nuestros alimentos-exclamó Nany.
__Yo apenas tengo diez años, pero les voy a contar que mi madre es la mujer más hermosa del mundo. Lucky y yo la queremos mucho, por la mañana duerme dos horas y luego se levanta a prepararme para que asista a la escuela, aunque un poco arrugada porque en mi casa no hay luz. Estoy feliz porque de mi clase soy la mejor, mami siempre es linda conmigo aunque pasamos muy poco tiempo juntas. Casi siempre estoy sola con Lucky, ella es quien me escucha, se ríe de mis travesuras, nunca me abandona y siempre está de acuerdo con lo que digo y pienso.
Lucky, era una vaca de peluche, el único regalo que guarda Nany desde que tenía tres años, como recuerdo de su padre antes de partir en busca de nuevos destinos a otro país; sin embargo, sin saber si por destino o casualidad, nunca jamás regresó. Tiempo después, su madre al no poder cubrir los gastos del hogar, huyó lejos de donde vivía, sin dejar rastro de su paradero. Se refugió con su hija Nany en un precario aledaño a la ciudad.
Lucky, la vaca de peluche verde desteñido, con sus largas orejas escucha a Nany, sus ojos negros y soñadores miran sus travesuras mientras su boca grande y sonriente no habla, pero según dice .Nany le encanta comer cereal.
Esa noche, después de que su madre se dirigió a su trabajo, Nany se levantó y sentó a Lucky en su almohada cerca de la ventana. Tomó en su mano un libro de cuentos y empezó a contar una nueva historia a su amiguita del alma, de castillos azules, princesas de fresa, príncipes y caballeros, hadas madrinas y duendes de seda.
De repente, una brisa helada, fuerte y penetrante invadió la habitación, mientras Nany miraba por la ventana como Lucky caía al precipicio, cambiando tristemente la página de la historia.
Nany que conocía las reglas del hogar, sabía que era tarde. El vecindario estaba desolado y frio, nunca hubiese desobedecido a su madre, pero era su amiga quien podría estar herida, - pensó. Rápidamente y sin pensarlo corrió por las gradas de aquella casona sin importar lo establecido, quería abrazar a su amiga y regresar de prisa para terminar la historia que había sido interrumpida.
Al llegar a la entrada, buscó a su amiga donde la había observado caer, pero no encontró rastros de ella. Miro en dirección hacia la ventana, buscando una explicación a lo que estaba pasando. Estática en su intranquilidad, respiró profundo, mientras una lágrima suave y tierna bajaba por su mejilla.
Agobiada, con su cabeza inclinada regresó a su habitación. Su mirada describía una tristeza enorme que estremecía los más puros sentimientos de la inocencia, Se sentía sola, sin su amiga, no tenía a nadie con quien platicar. Sintió miedo, le hacía falta aquel abrazo suave y sutil que siempre estaba cuando lo necesitaba. Corrió a la ventana, miró con esperanza nuevamente el lugar donde había caído Lucky, pero su amiga había desaparecido.
__Era su única amiga, - razonó Nany. Si acababa de caer no estaría muy lejos…
Nuevamente corrió por las escaleras. Llegó a la entrada y cruzó aquel oscuro laberinto como alma escabullida entre las sombras que busca tranquilidad. Al final del laberinto se encontró con la calle, había un carro negro con vidrios oscuros y una voz que fingía compasión se empezaba a escuchar…
¡Qué ternura de niña! ¡No me diga! ¡Perdió a su vaca y la quiere encontrar!…
De pronto, lentamente, se abrió la puerta derecha de atrás. Al fondo del sillón estaba Lucky su vaca sentada en aquel lugar; sin pensarlo, Nany corrió de prisa saltando dentro del auto, abrazó fuertemente a su amiga, mientras la puerta del carro se acababa de cerrar. La llave dio un giro de 180º grados y el auto se dirigía hacia algún lugar. Nany había sido capturada sin pensar lo que podría pasar.
Aquel corazón se sintió preso, la inocencia se había encargado de atraparla en su propia historia, quizás aquellas hermosa risas que adornaban la habitación de la casona no se volverían a escuchar. Un pupitre sin dueño en aquel centro escolar, un vacío inmenso se empezaba a dibujar.
Una hora de viaje que se hizo extensa, pero al parecer acababan de llegar. Nany se mantuvo en silencio abrazando su amiga. Lucky permanecía atada a su pecho escuchando los latidos fuertes y cada vez más rápidos de su corazón.
El auto se detuvo por completo. Se escuchó la llave de la puerta girar, Nany y Lucky se encontraban en aquel nuevo lugar, con la puerta entre abierta. Una llamada del jefe de Sata interrumpió el momento y extendió aún más el tiempo, mientras Nany escuchaba atenta sobre un futuro incierto rodeado de soledad.
Aquellas palabras del gran Sata quien la había llevado hasta ese lugar, resonaban en los pequeños defensos oídos que deseaban no escuchar, aquel plan macabro que estaba a punto de iniciar. Nany reunía todas las características de la niña que los extranjeros necesitaban encontrar; piel trigueña, ojos claros y soñadores como el mar. Ahora por primera vez, Nany recordando las palabras de su madre entendía su error y las cosas que la vida prepara sin poder dar un paso atrás.
Mientras una risa fuerte y maligna del gran Sata cubría aquel lugar. Nany ya sabía qué pasaba pero seguía encerrada en la parte de atrás, aferrada a Lucky con gran temor por lo que podría suceder.
Los eternos minutos se hacían horas y el jefe acababa de llegar, procedió a mirar a la niña para luego entregarla por muchos dólares. Sata con una sonrisa de todo poderoso, con el signo de dólares dibujado en su mirada, abrió la puerta sin dejar pasar un instante más. Al fondo, se miraba una niña recogida en sí misma, escondida en una esquina abrazando la vaca de peluche, amiga de siempre que sin duda jamás la iba a dejar.
__Traiga la escuincle, - exclamó el jefe.
__Ya vienen los extranjeros de camino y quiero estar seguro que esta nueva entrega vale tanto como todas las demás. Tímida y lentamente, la niña se bajó del auto, abrazando su vaca manteniendo sus ojos cerrados pues no sabía si era mejor abrirlos y mirar.
Nany, trató de abrir sus ojos; pero el miedo había clavado sus pestañas con dagas de dolor en la inocencia. Después de varios intentos se encontró con una claridad misteriosa que lejos de traer luz, causaba una oscuridad enorme que cubría de tristeza el sufrimiento que su alma no podía evitar. Al frente tenia al hombre que la entregaría a una nueva vida a cambio de algunos dólares, ¡Que mente tan pobre es capaz de pensar que la vida tiene precio!
Un silencio extenso acaparó aquel momento. Las miradas se cruzaron queriendo retroceder el tiempo. Aquel señor desconocido había quedado impactado ante aquel dramático momento. Miró a Sata, quien no sabía qué era lo que estaba ocurriendo y exclamo: -Espérame afuera, hablamos en un momento…
El hombre se acercó lentamente a la niña con una mirada tenue de arrepentimiento. Era como si estuviese mirando sus propios ojos en el espejo de su alma, aquellos ojos claros y soñadores como el mar, hacían que su mente se hundiera en un océano de recuerdos.
Mientras la niña enmudecida por el momento, había perdido aquel temor que la asechaba durante un largo lapso de tiempo, empezaba a sentir tranquilidad en el silencio, aquel sentimiento de sangre que traspasa los límites de la distancia y el pensamiento.
El, miró aquella vaca de peluche que le había regalado hace mucho tiempo, recordó los amaneceres entre risas de amor eterno, miró una mancha que le había heredado desde su nacimiento, intentó extender sus manos para acariciar aquel rostro de inocencia por un momento, pero sus pies se derrumbaron cayendo de rodillas por completo.
Nany, se mantenía en silencio, aún no comprendía a ciencia cierta el suceso. Extendió su mano acariciando la cabeza de aquel hombre que lloraba de desconsuelo. Las palabras se habían perdido en el silencio.
Después de un corto tiempo de llanto y misterio, aquel hombre que se arrastraba en el suelo, acercó su frente a los pies de Nany, como pidiendo un perdón añorado que le rescatara aquella alma de culpa y fin de muchos sueños. Pero al sentir la piel de la niña, recordó aquel aroma sutil que lo acariciaba en los despertares mañaneros, imágenes de recuerdos se incrustaban en lo más adentro. En minutos entregaría a su propia hija a quien había abandonado cobardemente huyendo a refugiarse en la trata y el dinero.
Dos palmadas de Sata en la puerta interrumpieron el momento; ya habían llegado los extranjeros, era la hora de entregar aquel tesoro que guardaría por siempre en su pecho, llamó a Sata quien llegó de inmediato.
__Sal por la puerta de atrás y asegúrate de llevar esta princesa al lugar donde la encontraste, no quiero peros, solo has por favor lo que te estoy pidiendo, encárgate de que este protegida en su habitación y luego regresa, que aquí te espero con tu recompensa. De los extranjeros me encargo yo.
De rodillas, abrazó fuerte a Nany, la estrechó por última vez contra su pecho. Mientras sus brazos soltaban lentamente sin querer aquel instante. Aquel hombre sentía como su alma se desboronaba poco a poco en lo más adentro. Nadie puede vivir cuando el alma se va lejos y mueren los sentimientos.
Sata sin hacer preguntas, sumiso se llevó a la niña como lo había dicho su jefe.
Nany estaba de regreso, sentó a Lucky en la almohada y continúo con las historias y cuentos.
Sata regresó donde le había dicho su jefe. Encontró un cuerpo tirado sin vida en el suelo, una valija negra llena de dinero y una escritura de una casa a nombre de su hija Nany, por quien prefirió entregar su vida y buscar perdón en el cielo…
Autor: José Antonio Romero Cordero, Orientador de la Escuela La Piñera.
EMPECEMOS A CONVIVIR.
Valor: Respeto, sana convivencia.
En un lugar muy lejano había un pueblito llamado Pueblo Esperanza. Aunque el pueblo era muy pequeño las personas lo hacían grande con sus actos de bondad. Ellos tenían buenas costumbres; eran personas que vivían en paz y practicaban muchos valores como el respeto, la sinceridad, la paz, el amor y lo más importante para ellos era el valor de convivir.
Había una pequeña escuelita, sus estudiantes eran responsables y convivían con todos. María, era una niñita alta, morena, ojos y cabello negros como la noche. Era tan tierna y hermosa como los pétalos de una rosa. Se destacaba no sólo por su inteligencia sino también por la bella sonrisa que se dibujaba siempre en su rostro. Sus compañeritos la querían mucho, pero lamentablemente su familia se tenía que mudar a una ciudad muy fría llamada Huaitil.
El día que los padres de María le dieron la noticia que tenían que mudarse a Huaitil, ella se sintió muy triste al igual que sus compañeritos. Unas inmensas ganas de llorar se apoderaron de su corazón y un dolor tan grande que desgarraba su pecho al pensar que tenía que dejar su querido pueblo. Aquel lugar que guardaba todos los recuerdos de su infancia y donde quedaban los amigos que le acompañaron en sus juegos y ratos de alegría.
Un día antes de irse María a la nueva ciudad, sus compañeros le hicieron una fiesta sorpresa muy linda para despedirse de ella. Ella iba con la esperanza de conocer y tener nuevos amigos y amigas, pero temerosa de no saber lo que le esperaba en la nueva ciudad.
Al llegar, María quería conocer todo el lugar, pero era muy tarde. Así que se acostó a dormir, deseando que la noche pasara rápido, para ir a la escuela. Al amanecer, un gran ruido de motores interrumpió su dulce sueño. Sobresaltada se levantó extrañando el canto de las aves que le arrullaba todas las mañanas.
Con carita asustada se acercó a su ventana y miró grandes edificios que le rodeaban. Cerró sus ojos y por un instante recordó aquellos amaneceres entre montañas, las puestas de sol y la brisa fresca que acariciaba sus mejillas. Un poco pensativa se alistó para ir a la escuela.
Al salir de su casa, acompañada de sus padres, María no lo podía creer, todo era enorme y hermoso, se sorprendió al ver los edificios que eran muy grandes. La escuela era muy pero muy hermosa y grande. Su padre la llevó al aula, ella muy feliz pensaba en todos los amigos que iba a tener. Impresionada observó que todos sus compañeros eran muy mal portados.
La maestra la llamó para presentarla, pero cuando estaba al frente sus compañeritos se rieron de ella y le empezaron a decir “Chola”. María se puso muy triste, salió corriendo de la escuela y llamó a su papá para que la fuera a recoger.
Al llegar a su casa se encerró en su cuarto mientras las lágrimas inundaban su dulce rostro. Cuando llegó la noche, María se durmió profundamente y soñó que ella haría que en la nueva escuela se practicaran los valores y lograría que los niños y niñas respetaran a sus profesores.
A la mañana siguiente, se levantó muy feliz con la esperanza de que su sueño se hiciera una realidad. Al llegar a la escuela se sentó a la par de Ana, una niña cariñosa, amigable y dulce como la miel.
María aprovechó que la maestra fue al baño para hablarle a Ana. Con gran alegría le comentó como eran las personas en su Pueblito Esperanza. Ana emocionada la escuchó hasta que tocaron recreo. Ana salió corriendo a jugar pero al ver que María no salió le preguntó:
__ ¿María quieres jugar conmigo y mis amigos? Así les cuentas todo lo que me has contado a ellos.
María respondió:
__Claro que quiero jugar y les contaré.
María y Ana jugaron con sus compañeros, pero cuando María les iba a contar se pusieron a decirle cosas feas y se fueron corriendo. María muy afligida le dijo a Ana:
__No me voy a rendir, la fe y la esperanza aún las tengo.
Al otro día María y Ana les empezaron a hablar sobre los valores a niños y profesores. Cada vez María tenía más amigos. Tantas personas ya estaban a favor de que se practicaran los valores que hablaran con el director y él las apoyó, hicieron charlas, campañas y reuniones. Cada vez más y más personas practicaban los valores, pero María quería que los practicaran por toda la ciudad de Huaitil. Sus padres hablaron con el presidente y lograron tener un programa en el cual se enseñarían los valores, el programa se llama “Empecemos a Convivir”. Poco a poco las personas iban cambiando y Huaitil iba siendo una mejor ciudad. María estaba muy feliz porque gracias a que nunca perdió la esperanza logró cumplir un sueño. María, Ana y sus padres cuando podían iban a ver a sus amigos a su Pueblito Esperanza. Esto le dejó de experiencia a María que nunca hay que rendirse porque para lograr metas hay que esforzarse.
María siguió siendo una niña muy feliz y Huaitil una ciudad de valores y esperanzas.
Autora: Roxana Murillo.
Escuela La Piñera.
1er. Lugar cuento FEA circuital 2013
VIDA DESASTROSA
Valor: reflexión, decoro, dignidad.
La vida no es siempre lo que queremos creer. Siempre creemos que todos los niños en el mundo son felices porque creen que sus familias siempre están ahí para ellos, pero eso a veces no es verdad.
Por ejemplo, yo era uno de esos niños a los cuales sus padres los querían mucho pero después abandonaron.
Yo era un niño normal, mis papás eran muy unidos conmigo al principio y siempre se preocupaban por todo lo que ocurriera conmigo. Eso era lógico, era su primer hijo y era el consentido de la casa, puesto que los otros niños que habían ya estaban lo suficiente grandes como para que los chinearan.
No éramos de esos de gran nivel, nuestra casita era una casita humilde, yo me conformaba con eso, pero mis papás decían que eso no era lo que ellos querían, ellos querían tener dinero, una casa enorme y poder tener en sus manos todo lo que quisieran. Pero yo sentía que ese era un pensamiento sin sentido, porque todo en la vida es el amor, la amistad y el calor de un hogar.
Se me había olvidado, mi nombre es Matías y era el niño más feliz del mundo. Todos los días me levantaba temprano y me alistaba para irme a la escuela con mis vecinos. Mi vecino de la par se llamaba Pedro, nunca lo olvidaré, era un amigo fiel de esos que cuesta mucho encontrar. Pero una vez, todo cambió. Ese día fue el cambio de mi vida para siempre, por eso empecé a creer que Pedro había sido un ángel en mi vida. Y no era para menos, el día que él se mudó a otra casa, ese fue el día de mayor desconcierto en mi vida.
La casa de Pedro estaba muy unida a la mía por eso con solo salir al corredor ya era fácil relacionarse con esa casa vecina.
Un día, como la casa e Pedro ya había sido desalojada se mudó una familia de tres integrantes: dos hombres y una mujer. Cuando llegaron no me dieron muy buena espina. Se veían raros, muy raros para decir la verdad. Yo le decía a mi mamá lo que sentía, pero ella decía que ella los veía muy buenas personas y se puso a preparar lo único rico que sabía hacer, pie de limón.
Desde que mis padres y ellos se empezaron a relacionar, mi vida se volvió complicada y preocupante. No me sentía a gusto ni que fueran mis vecinos, ni que mis papás se estaban llevando mucho con ellos.
Pasaron los días, todo seguía igual así que decidí seguir mi vida sin preocuparme porque sentí que tal vez era yo el preocupado y que estaba exagerando muchas cosas. En realidad ya hasta me estaban empezando a caer bien. Me regalaban cosas que ellos sabían que mis papás no podían comprar. Tan feliz estaba que nunca llegué a pensar de donde sacaban todo ese dinero que gastaban y que las cosas que me regalan eran caras para regalármelas a mí, Yo que era solo un niño, tan solo su vecino y nada más. Pero obviamente no iba a volver a lo mismo porque estaba muy ilusionado con lo que me habían regalado que era súper chiva y que ningún otro niño de mi barrio tenía.
Pasaron los años y todo seguía bien, los sentía como de mi familia. Pero empezaron a pasar cosas inexplicables, cosas tan raras… empezaron a comprarse cosas que ya no eran caras, eran carísimas. Pero mi mamá me decía que estuviera tranquilo, que podía ser que hicieron una hipoteca. Pero, quien querría hacer una hipoteca para comprar cosas que no son nada necesarias y se enojarían mucho.
Las cosas que compraron eran: dos Hummers, un tele plasma demasiado grande, claro era muy toque ver películas en él, pero bueno, y hasta una avioneta solo para ellos. Eso era demasiado.
Hasta mi familia estaba siendo beneficiada con que ellos estuvieran comprando tantas cosas porque las cosas vejas nos la regalaban, bueno, viejas para ellos porque para nosotros era lo más nuevo que pudiéramos tener.
Un día decidí investigarlos, ya era suficiente, demasiadas cosas caras en tan poco tiempo. Era algo ilógico para personas de salario regular o por lo menos de clase media si es que así eran, bueno es así como se podían percibir.
Aunque ya habían pasado varios años desde que se había marchado mi mejor amigo, no crean que no me había quedado si ninguno, había conseguido a una mejor amiga, yo le decía Liz y aunque no lo crean, tan unido me había hecho con ella que hasta terminé enamorado de ella, pero no sé lo que quería decir. Bueno, el punto es que decidimos volvernos como unos “espías” y los seguíamos en bici a donde fueran. Pues fue un día que llegaron a un pastizal y empezaron a echar unos sacos blancos a una de sus Hummers.
Nunca en nuestra corta vida habíamos visto algo como eso, parecía un tipo de harina pero no creíamos que fuera eso. Decidimos tomar un poco de la que quedó en el suelo, en el momento que ellos se fueron y llevarlo a donde un señor de confianza que sabíamos que nos aclararía la duda y no le contaría a nadie. Llegamos y le contamos lo sucedido, él nos pidió que sacáramos lo que habíamos encontrado, fueron segundos para que respondiera, en el momento que lo sacamos el respondió que era droga, que lo había sospechado.
Por lo menos ya sabíamos de donde era que sacaban todo ese dinero para poder tener cosas caras. Pero de nada nos había servido, sabíamos de dónde provenía el dinero pero ¿qué lograríamos con eso? Si les contábamos a nuestros papás no nos iban a creer, porque ellos pensaban que eran las personas más humildes y buenas del mundo, si le decíamos a la policía ellos no le creerían mucho a unos niños y si nos creían irían por ellos y entonces mis vecinos se darían cuenta de que habíamos sido nosotros quienes los habían delatado.
Por lo menos ya sabíamos la segunda cara de estas falsas personas. Pero por alguna extraña razón éramos tan malos para disimular que ellos empezaron a sentir que nos comportábamos diferente con ellos.
Un día mi mamá les preguntó que le digieran el secreto de tanto dinero, que por favor que ella probaría lo que fuera, mi mamá estaba tan ganosa de dinero que en el momento que le dijeron que era vendiendo droga, no lo pensó y aceptó.
Pero yo no me había dado cuenta de que mi mamá estaba empezando a meterse en esas cosas ni que estaba influenciando a mi papá. Fue el día que ellos también empezaron a comprarse cosas caras que me di cuenta de lo tristemente sucedido. Pero eso no fue lo peor. Un día me dejaron con mi tía porque se marcharían unos días a la frontera de Estados Unidos, pero no iban solos, iban con esos vecinitos problemáticos, los días se volvieron semanas, no había rastro de ellos. Se había olvidado de mí, era obvio. Su pequeño hijo había pasado al olvido, ni una llamada, ni una carta, ni nada.
Yo trataba de ser lo más fuerte posible, no quería llorar al saber que era un niño sin padres. Y también sentía que muy pronto me quedaría sin casa pues mi tía ya quería estar libre de mí. Ella me había aceptado en su casa porque mis papás dijeron que solo era por unos días que me tenía que cuidar.
Un día estaba viendo las noticias y aparecieron los cinco más buscados por el tráfico de drogas y para desgracia de mi vida salieron mis tres vecinos y mis papás. Qué decepción y tristeza sentía de la vida. Créanme que ningún hijo jamás se había decepcionado de sus padres como yo lo había hecho con los míos. Esta vez sí que no soporté más y tuve que soltarme a llorar, no aguantaba más. Sabía que en cualquier momento los arrestarían y les harían algo muy malo y no era para menos, si el tráfico de drogas es un delito fatal.
Mi tía al saber esto decidió esconderme bien por aquello que los policías descubrieran que esos delincuentes, porque eso eran, tuvieran un hijo y si se daban cuenta de esto vendrían a mí a hacerme muchas preguntas y con eso sería más fácil dar con el paradero de mis papás. Aunque ellos me hayan dejado y me hayan decepcionado tanto yo no quería ser una ayuda para que arrestaran a mis papás.
Por dicha un día llegó una carta de mis papás que decía:
Querido Matías: sabemos que ya no nos quieres, somos los peores padres del mundo. Quisimos tenerlo todo, pero para tenerlo todo hay que hacer cosas indebidas y las cosas indebidas es mejor no hacerlas. Estamos a punto de ser encontrados por la policía y después de eso todo habrá terminado, por eso queremos que sepas que siempre estuviste en nuestros corazones y te pedimos por favor que nos perdones.
Te queremos, mamá y papá.
Eso fue lo que escribieron en la carta; cuando la leía, las lágrimas caían por mis mejillas, era obvio que los iba a perdonar: eran mis padres, los que me habían dado la vida. Nunca los olvidaría. Eso fue lo último que supe de ellos.
Tres años después mi tía conoció a un señor del cual según ella se había “enamorado”, pero yo no lo creía mucho. El señor siempre llegaba a la casa por las tardes y siempre le decía a mi tía que no me quería ver con ellos, por eso tenía que encerrarme en mi cuarto hasta que él se fuera. Tiempito después le pidió a mi tía que se casaran, esa fue la nube negra sobre la poca vida que me quedaba.
Se casaron y como no le caía bien al esposo de mi tía, la convenció de mandarme a un internado. Y así fue, terminé yéndome a vivir a un internado para jóvenes de los 13 a los 18 (en ese tiempo tenía 15 años, por lo que solo pasé 3 años ahí). Cuando salí, decidí buscar trabajo y empezar a pulsearla. Ya había logrado tener mi propia casita y fue entonces cuando un día, caminando por el centro, me encontré a Liz, seguía igual de bonita que cuando éramos mejores amigos y empezamos a salir, desde ese día hasta que nos hicimos novios y después nos casamos. Siempre supe que Liz era el amor de mi vida.
Hoy tengo 30 años y ya Liz y yo tenemos dos hijos y somos los más felices del mundo; nunca decepcionaré a mis hijos como mis padres lo hicieron conmigo.
Un día tocaron a mi puerta y cuando abrí, eran mis padres, no lo podía creer seguían vivos, me contaron todo y los perdoné y hoy viven con nosotros. Solo habían estado en la cárcel por unos años, porque descubrieron que los verdaderos traficantes habían sido aquellos vecinos que odié con mi alma. Por dicha mis papás están bien.






