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UNA EXPERIENCIA COMO POCAS
 

Cuenta mi madre que hace más de sesenta años cuando ellos llegaron a Buenos Aires procedentes de la zona de los Santos, había pocas familias habitando en el lugar, los terrenos eran sabanas, potreros abiertos marcados con trillos,  arbustos de chumico y charrales repletos de chan.

Mi abuelo que era bueno para el trago se dedicaba a sacar carbón y vender en las villas vecinas; pero siempre después de una buena venta se pegaba una juma, en el camino a la casa perdía las cosas y llegaba sin un cinco en la bolsa.

Mi mamá y sus hermanos eran huérfanos de madre, por lo que ellos se hacían cargo de las labores de la casa y de atender a mi abuelo. Cuenta  mami que una noche tan oscura como siempre, llegó mi abuelo muerto del susto, esta vez no iba borracho, casi corriendo entró a la casa y cerró bien la puerta, decía que una luz de muerto lo había seguido todo el trayecto hasta la casa y cuando ya le alcanzaba él salió corriendo dejando botada en el camino su alforja  llena de candelas y el guaro de la semana.

Pasó toda una quincena y mi abuelo no salía en las noches, cuando por necesidad tuvo que ir a vender el carbón se llevó a mi tío mayor, al anochecer del día siguiente cuando regresaban a la casa nuevamente apareció la luz, flotaba en el aire y algunas veces parecía que aumentaba de tamaño, de nuevo los acompañó hasta la casa.

Dice mi madre que su hermano juraba también haber visto la luz, mi abuelo casi que entró en pánico, no quería salir de la casa. Un día llegó  “Pikin”, un amigo de la familia; al enterarse de la historia, le dijo a mi abuelo que él no le tenía miedo a esas cosas, estaba decidido a buscar la luz, enfrentarla y hablarle para ver que quería y así fue, el hombre salió en la noche a recorrer el camino, llevaba en los bolsillos del pantalón dos puños  de sal, pues creía firmemente que la sal era bendita. En la bolsa de su camisa puso una estampa con la imagen del corazón de Jesús.

Después de caminar un rato divisó a lo lejos la luz que se acercaba, sintió un escalofrío que recorría su cuerpo, cuando estubo frente a ella, ésta se posó sobre un poste viejo, se movía de un lado para otro como brincando y aumentaba de tamaño, él se armó de valor y le habló, diciéndole _ yo no te tengo miedo, si usted quiere hablar conmigo, manifiéstese como era en cuerpo y alma. De pronto la luz tomó forma de mujer, vestía una enagua de motitas negras y blusa blanca, cuando el hombre la vio reconoció que era la madre de mi abuelo, esa mujer le pidió un favor, que le dijera a mi abuelo que  le pagara una promesa que ella había hecho en vida, pues no la había podido cumplir y por eso vagaba como alma en pena, consistía en ofrecer  una misa, una vela y una manita de oro a la Virgen de los Ángeles

Cuenta mamá que también le dijo,  que  le precisaba que llevara el recado,  pero que como él era un hombre juntado y estaba en mal vivir, ella no lo podía tocar, pero que le iba a dar una ayudita, entonces, dicen que el hombre sintió que lo elevaron por los aires y cayó a la mitad del camino, sintió un levantón más y  cayó en una piedra al frente de la casa de mi madre.

Según la historia cuando mi abuelo lo vio corrió a recibirlo, el hombre  lo abrazo y le contó lo que le había sucedido con la luz, después de terminar su relato el pobre “Pikin” cayó tieso, con su lengua enrollada, así estuvo varios meses, hasta que poco a poco mejoró, mi abuelo también recibió lo suyo, quedó adolorido de los hombros desde que aquel hombre lo abrazó. Al  poco tiempo  Tatica,  mi abuelo, fue a Cartago y pagó la promesa que debía su mamá. Desde ese día dejó de tomar tanto y andar en la calle.

Dicen que una madre se debe respetar siempre viva o muerta, ella nos acompaña y de vez en cuando nos puede pegar un susto de escarmiento para enmendar los errores de la vida.

 

Autora: Daysi Cordera Chavarría.

 

 

EL CORAZÓN DEL ESPAVEL

 

 

 En lo  profundo del territorio indígena de Ujarrás en Buenos Aires de Puntarenas, zona sur de Costa Rica, se levanta majestuoso y erguido de tanto orgullo, el hermoso árbol de Espavel, sus viejas raíces son bañadas por las  caricias inquietas de las aguas cristalinas de su vieja y entrañable amiga Cory, una quebrada de torrente fresco, con aroma a musgo y llena de memorias del  pueblo cabécar.

No sé  cuántos años tiene  el gran Espavel, pero a lo largo de mi vida, él siempre ha estado ahí, sus ramas se mecen con el viento, bailan a un  son con el trinar de las aves, basta ver su inmensidad para perderse en lo profundo del verde mágico que luce en su follaje.

Era una hermosa tarde de verano propiamente en el mes de marzo, me recosté sobre una piedra bajo la sombra de aquel gigante, había transcurrido poco tiempo, el suficiente para divagar en mis sueños, ese día algo extraño  sucedió, se escucharon susurros como lamentos que nacían en las entrañas del Espavel, eran voces que se confundían con el viento pero fácilmente se hacían entender, escuché entonces una linda y triste historia que en mis sueños me narró el madero.

  Contaba que su estancia en la tierra sobrepasaba los doscientos años, él había sido testigo mudo de muchos acontecimientos, pero que algo muy fuerte lo marcó para siempre y le dejó su corazón roto, eran inicios del año 2000, cuando escuchó el lamento del viento que traía  amargas noticias, en la parte alta del territorio de Ujarrás estaban sucediendo cosas extrañas que enojaron a Sibö, el dios de los indígenas cabécar. Los vecinos de sus tierras estaban cortando los árboles, eran grandes socolas como parches en la inmensa selva del Parque Internacional La Amistad, espacios que hombres sin escrúpulos utilizaban para sembrar marihuana, planta que envenenaba el alma de muchos. En la orilla del río Cuyé, morían los saínos, tepezcuintes y muchas otras especies que los cazadores furtivos mataban a tiros y machete, los indios de su tribu, muchos ya no querían trabajar, no cultivaban  la tierra, se peleaban por el poder, solo querían regalías  y perderse en un guacal de chicha.

Su historia decía que fueron  tiempos muy tristes, porque una pena trajo a otra, el aroma a libertad que se podía  respirar en la zona, se tornó tóxico y oscuro, era el producto de un feroz incendio que devoró todo a su paso; plantas, aves y animales murieron, los pocos que lograron escapar perdieron su hogar para siempre, esa tierra próspera y productiva ya nunca fue la misma, se volvió desértica e infértil, desde ese día solo los zopilotes se animaban a volar sobre ella, parecía que buscaban restos de carroña porque ahí ya no vivía nada.

Tanto malestar  provocó que Sibö  manifestara su ira en contra  de la especie humana, trazó un plan donde el hombre debía padecer dolor, cansancio y sobre todo mucho esfuerzo físico para obtener el fruto de la tierra, envió plagas y enfermedades que atacaran los cultivos, hizo que los ríos y quebradas mermaran su cauce, permitió que el sol brillara con más fuerza que nunca y que sus rayos dieran paso al desgaste de las zonas polares, mandó, a que los volcanes bañaran las verdes praderas con la lluvia ácida, hizo que los mares abatieran sus aguas con fuerza en contra de la tierra como reclamando su espacio.

Era tan fuerte el escarmiento que Sibö mandó a padecer a las personas, que el corazón del gran Espavel no pudo más, se retorcía de angustia ante el dolor de su gente, alzó su voz, clamando compasión a favor del ser humano, ya había pasado el tiempo y veía como el hombre se mostraba cansado de buscar soluciones, pero nada detenía el deterioro del ambiente y pensar que nosotros  mismos fuimos  culpables de tanto agravio contra el mundo.

Sibö, no quiso escuchar la petición del árbol, protestaba diciendo que había dado muchas oportunidades, para buscar el remedio contra la enfermedad que sufría la Tierra y que el hombre con cabeza dura había hecho caso omiso a su advertencia, ya no había más tiempo, el final se acercaba, el Espavel sufría, simplemente no se resignaba a ver morir su entorno, entonces cuenta el madero que tuvo una idea, lleno de humildad ofreció su vida, su corazón,  a cambio de salvar la Tierra, él sabía que bajo su sombra había dejado caer sus semillas y que después de su muerte el sol las calentaría y nacerían muchos nuevos espaveles, corría el riesgo de que nadie lo recordara, pero tenía la corazonada que Cory su amiga del alma, le haría cosquillas a sus hijos con sus aguas y contaría con orgullo, la historia de un gran Espavel que abrió sus entrañas para regalarle su corazón lleno de amor a Sibö.

  De pronto sopló un viento fuerte, las gotas de lluvia interrumpieron mi sueño, yo estaba ahí sobre la piedra, a orillas del gran Espavel. Sentí un impulso, cubrí con mi mirada al gigantesco madero, sí, como buscando y lo más triste es lo que encontré, en medio del ancho tronco había una herida, un hueco oscuro y vacío, era el espacio que ocupó por años el corazón del Espavel.

Hoy es un tronco roto, lleno de vida, parece que se niega a morir. Sus ramas están llenas de nidos, las ardillas juegan saltarinas, las verdes orquídeas y las lianas se confunden con sus hojas y lo más hermoso, Cory,  su amiga sigue ahí cristalina, con rebosantes aguas, a veces por las tardes parece escuchárseles sonreír, creo que ellos guardan un secreto, la voz del viento me contó que Sibö, al ver el gran amor del  Espavel, decidió perdonar al hombre y dejarle como evidencia el gigante y majestuoso árbol, ese de tronco hueco, que vive sin corazón, porque un día rasgó sus entrañas y lo entregó en un verdadero y admirable  acto de amor.

 

Autora:     Seudónimo: Melancólica 2012.

 

 
LA GALLINA VOLADORA
 

 

                                                        En tiempos pasados hubo una granja muy linda que tenía una humilde casita hecha con madera de cedro.                                                                                                                  En las cercanías pasaba un hermoso riachuelo de aguas cristalinas y su canto se mezclaba con el chirrido de una vieja    

                                                                  de   molino que giraba junto al agua. En este lugar los patos de granja se bañan libremente y el frescor del agua abraza los

                                                                peces. 

                                                                        El radiante sol sale entre las montañas tocando las puertas del gallinero y Generoso el gallo canta con alegría para                                                                                            levantar a las dormilonas gallinas.

                                                                                              Doña Rosalinda ordeña las vacas criollas y  Don Fausto alimenta los cerdos que solo piensan en comer.  los                                                                                        honrados bueyes siempre trabajadores, sostienen sobre sus lomos el yugo  que tira la carreta pintada con los                                                                                              colores del arcoíris.  El paisaje parecía un pedazo de cielo.

                                                                                         Mientras todo esto sucedía en el gallinero aún dormía Coloreta, la gallina de color coloradito.    Ella era                                                                                      muy envidiosa y engreída.   Sólo pensaba en ella misma y no le importaba los demás.   No tenía amigasa  a                                                                                     excepción de una muy parecida a ella.  Y por si fuera poco era irresponsable, nunca se levantaba temprano y                                                                                    siempre quería tener lo de los demás.  

                                                                          En muchas ocasiones ponía sus huevos lejos de las otras gallinas y cacareaba lo más fuerte posible para que                                                      el gallo la fuera a topar.   Se creía la mejor y más bella de todas y como decía mi abuelita:

                                                    -¡era una pollita resbalosa!

                                                     Los frondosos pejibayales estaban en cosecha y los tremendos chucuyos siempre llegaban para las tres comidas.                                                       A Don Fausto le molestaba la situación, entonces tomó su balaú y disparó; pero era tan malo disparando que si                                                       apuntaba al sol siempre le daba a la luna.   Por ello, los chucuyos salían volando por los aires muertos sí, pero de risa.

Desde ese momento a Coloreta se le metió en esa pequeña cabeza de pollo la idea más tonta que una gallina podía tener: el querer volar entre las nubes y las estrellas.

 Un lindo día los chucuyos visitaron un árbol de nance que daba la mejor cosecha en el valle.  Sus nances eran algo delicioso,  tan dulcitos que parecían pelotitas de oro con sabor a miel.

Estaban comiendo cuando Coloreta se subió al árbol e interrumpiéndolos con su idea dijo:

_¿Cómo pueden volar los pericos?

_¡Somos chucuyos, no pericos!

_Me da igual –dijo la gallina- todos son verdes y con pico curvo, no me interesa.  Yo solo quiero aprender a volar.

Entonces las molestas aves le aconsejaron que subiera muy alto y se lanzara agitando las alas lo más fuerte posible.

Ella empezó a practicar y practicar.  Muchas veces lo intentó, asustando a todos los animales de la granja que creían que estaba completamente loca.   En cuestión  de un mes creía que podía volar, aunque lo único que hacías era salir revoloteando como alma que lleva el diablo.

En una ocasión vio que Don Gandoche, el zopilote, quien estaba en el cielo dando vueltas y vueltas.   Luego de un rato Coloreta se caía de bruces y al verla Gandoche comenzó a reírse.   Esto enojó tanto a la pollita que le respondió con una montaña de insultos.

Desde ese momento empezó la rivalidad entre ambos hasta que un día se toparon y tuvieron la tan ansiada conversación.

Coloreta dijo: -¡Don Gandoche, aunque dicen que usted es la mejor ave voladora de la región, yo le reto a un duelo!  ¡Yo soy un rival de respeto, hasta le he dado la vuelta al mundo con un solo aletazo! ¡Lo desafío a una carrera!

Y sin mucho hablar el duelo se acordó.   

Saldrían desde Platanares y la meta estaría en Villa Hermosa.      La ceiba de Don Edwin Retana, el popular Gato, sería el punto de partida  y ganaría el que llegue primero al pochote de Don Rafael Retana.

El peligroso duelo asustaba.  El árbol de ceiba era tan alto que por las noches las estrellas titilaban cuando las hojas les hacían cosquillas y el pochote tenía espinas tan filosas que los pájaros tenían que revolear más de una hora para poder posarse en las ramas y siempre salían con sus patitas lastimadas.

La noticia corrió rápido y todos se dieron cuenta.   El sol marcó el mediodía y se paró para observar el duelo.   Las dos aves  partieron.   Don Gandoche muy tranquilo medio agitó sus alas y comenzó a dar vueltas y vueltas para tomar altura,   en tanto la gallinita un rato volaba y otro corría.

El zopilote se subió en una corriente de aire para comenzar a ganar terreno.   Coloreta jadeaba  y cuando parecía que ya no podía más, salieron los perros de cacería de Don Caco y tamaña correteada le pegaron.  

Luego tomó un atajo por entre la finca de Don Tino Rojas y para que lo hizo.  Una vacas maizolas le tomaron carrera para embestirla y las patitas de la gallina ni se veían en la carrera.   Hasta cuentan que dejó la lengua atrás.   

Asustada miró desde la loma como Ñor Gandoche giraba para ir descendiendo y con cada vuelta se aproximaba más a la copa del pochote, la meta final.

Cuesta abajo Coloreta abrió sus alas y con un fuerte aleteó se levantó y de lo rápido que iba no prestó atención a las advertencias y prefiriendo ganar se estrelló contra el pochote. A su vez, el zopilote ni siquiera pudo posarse en las ramas y por ello aunque la gallina llegó primero, en la carrera nadie salió ganador.

Aquí donde estoy, sentado junto a la mesa, espero a que Doña Rosalinda me sirva un rico plato de guacho con gallina cacera.   Entre tanto  les comento que la envidia solo nos quiere destruir y quitarnos lo que tenemos.   Así que cada vez que tú o alguien tenga envidia debe recordar el mal final que tuvo Coloreta la gallina voladora. 

 

Autor.  

 Joseph Daniel Retana Retana - Escuela Villa Hermosa - 1er. Lugar Festival Regional 2009

 

Comprensión de lectura del cuento “La Gallina Voladora”

  • ¿Quién es el personaje principal del cuento? Caracterícelo

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  • Caracterice al personaje secundario.

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  • ¿Cuál es el tema principal del cuento?

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  • ¿Qué enseñanza te deja el cuento?

 

 

 

SUCEDIÓ UN 28 DE OCTURBRE

 

 

  Alrededor del año 2007, vivíamos mi familia  y yo en un lugar llamado Las Parcelas del Ceibo. Un sitio lleno de paz, donde la vida brota por doquier, se escucha el canto hermoso del río, justo premio a la existencia de los campesinos, cuyas casas salpican el paisaje aquí y allá.

Mi hogar lo componíamos: mamá, papá cinco hermanos y yo, quien contaba en ese entonces con solo diez años. Éramos una familia muy unida, e íbamos todos los domingos a misa.

Recuerdo en especial una tarde que me marcó y llenó de dolor y desesperación. Como presagio del momento, el cielo se oscureció cual mancha que se extendía poco a poco sobre la tela blanca del día, para luego derramar todo el llanto contenido de un solo tirón sobre la tierra.

Esa tarde viene a mi memoria… pues, su alma no encontraba sosiego… una ansiedad le oprimía el pecho.

Veníamos de la parcela de un paseo. Al regresar, mi padre se adelantó mientras nosotros caminábamos entretenidos. ¡Qué iba a imaginarme que un día tan dulce y alegre se iba a convertir en el más amargo y triste de mi existencia?

Al llegar a la casa mi hermano mayor nos dio la noticia.

__ ¡Papá está en la cocina tirado! – dijo. Todos corrimos a verlo.  Estaba amoratado, boca abajo, con el suelo ligeramente mojado a la altura de su boca… Después todo fue apuros, carreras, ambulancias.

Ese día lloré como nunca, mares y mares torrenciales de lágrimas mojaron mis ropas. Sentía el dolor de la angustia oprimiéndome el pecho… hasta que al fin se confirmó lo que mi corazón más temía.

__ Tu papá se ha ido – dijo mi mamá.

Justamente el día de su entierro yo cumplía años.  Ahora cada día que los cumplo, recuerdo con dolor aquella amarga experiencia que viví en mis años de infancia y que llevaré en lo más profundo de mis recuerdos.

 

Autora: Roxinia Beita Cascante.

Escuela Holanda. Sexto nivel. 2008.

Primer Lugar Festival de la Creatividad Circuital, 2008.

 

Comprensión de lectura del cuento: “Sucedió un 28 de Octubre”

1-¿Dónde vivía la familia?

  • 2-¿Cuántas personas integraban la familia?

  • 3-¿Qué acontecimiento trágico ocurrió?

  • 4-¿Por qué cree usted que murió el padre de familia?

  • 5-¿Cuáles valores puede destacar presentes en esta lectura?

  • 6-¿Cuáles sentimientos se destacan en la narradora?

  • 7-¿Qué le aconsejaría usted, a la niña para salir adelante?

  • ¿Cómo se llama la autora?

 

 
MARÍA Y LA     FLORISTERÍA
 

 

Los colores pintaban las paredes viejas de madera.   Eran chinas, rosas y amapolas.   La venta era buena.  Todo estaba muy tranquilo y  los días pasaban en fila uno tras otro.

María miraba sus sueños hechos realidad. Aquella floristería le recodaba a su marido.   Estaba muerto, pero en cada flor vivía.

Nunca tuvieron hijos, nunca abrazaron nietos.   Por eso las plantas eran chineadas.  María las cultivaba y ellas iluminaban salas, negocios y casas a lo largo del pueblo. 

El se había marchado  sin avisar.   Y al marcharse en silencio quedo todo.   Ella era una viejita que no sabía nada de números.  Solo sabía que lo amó, lo amaba y lo amaría y eso era todo lo que importaba.

La puerta sonó y al abrirse entra un hombre.

-¡Le puedo ayudar señor! Pregunta la abuela  con voz entrecortada.

-¿Si,  es la floristería de María?

-Yo soy María.  ¿Qué se le ofrece?

-Señora,  el banco vendió el local y yo lo compré.    Aquí construiré una hermosa venta de artículos en madera.

El corazón de la abuela se ahogaba en tristeza.  Cinco años la vieron vender sus hermosos siembros, mucha gente llegaba a visitar su empresita para comprar una flor.

Ella solo tenía a Cristina, una sobrina que vivía en la capital.   Algunas veces cuando llegaba el verano la visitaba.  Cristina decía que le encantaba el campo.   

Solo cuando se reunían las dos salían de paseo y visitaban esos lugares que dan ganas soñarlos por siempre.  Los demás días del año, la floristería era su pasión.

Pidió un plazo al banco, pero nada.   Toco muchas puestas pero no encontró lo que buscaba.

Sentada en la banca lloró.  Pero nadie se acercó.  La floristería era lo único que le quedaba de su marido y llegaba el momento de enterrarla para siempre.

Cristina salió por la mañana.  Solo le informaron que una viejita de nombre María la necesitaba de urgencia.

La lluvia cayó desde la madrugada y duró todo el día.   El cielo se nubló y llovió tanto que hasta mojó la luna que por ahí pasaba.   

 Cristina llegó a la floristería y encontró matas tiradas en el suelo.   Muchas en la acera y otras apiladas como basura.  Entró y preguntó a los empleados que qué pasaba.   Ellos le dijeron que solo trabajaban para el patrón que los contrató.

-¿Señor explíqueme qué pasa?                            

-Yo soy del banco.  La señora María no realizó los pagos y aunque se le avisó del cobro no hizo arreglos.  Hoy le desocupamos el lugar.

-Yo soy el nuevo dueño y nada de estas matas me sirve.   

-¿Y mi tía?

-No sabemos solo se llevó su abrigo.

La buscó por todos lados.  Una vieja sombrilla le pero no podía taparla por tanta lluvia.

La policía ayudó a buscarla y al fin la encontraron.  Su cuerpo descansaba sobre la tumba de su esposo.  Entre las manos apretaba un ramo de flores muy junto a su pecho.

Ella no aguantó que le robaran su único recuerdo, ese aroma de flores que olía a su esposo.   

Hoy aún se percibe ese olor al llegar al cementerio en Villa Hermosa. Hoy aún se recuerda ese amor.           

Autora: Meylin Figueroa Rojas – Esc. Villa Hermosa.

 

 

MI AVENTURA DE CRECER
 

 

  Con la mirada triste sumido en el recuerdo, miraba las gotas de agua, alegres bailarinas que con movimientos gráciles y extravagantes empapaban de frescura el ambiente.

Era un niño que continuamente la soledad lo acompañaba. Nadie lo quería cuidar. Ahí estaba solo. Encerrado en cuatro paredes, víctima del abandono, del que sus padres eran cómplices, para librarse de la obligación. Miraba el techo incierto, sin saber el fin de aquel episodio.

En un pueblito cercano, una pareja humilde y cariñosa se enteró de tal situación. Quisieron ser la diferencia para ese niño y contribuir en algo a hacer feliz este pequeño mundo. Hicieron gestiones al respecto. Pasaron los años y él creció entre sonrisas y abrazos, sus valores reforzaron y agradecido con su nueva familia, estudió y se recuperó.

Con una vida digna de respeto e igualdad, el retoño del nuevo hijo, era la ilusión de tan humilde hogar, lo que le dio las bases, para soñar más y más.

De sus verdaderos padres nunca  supo más, lo abandonaron del todo, pero el niño guardaba en su corazón la esperanza de que se encontraran muy bien.

Pasaron los años y como ingeniero se graduó, con homenajes de honor un trabajo consiguió. Vagando en sus recuerdos decidió buscar a sus verdaderos padres, Que triste la noticia, cuando se enteró que entre drogas y violencia su madre murió y su ignorado padre en la cárcel lo encontró, pero luego de tanta espera otro preso lo mató.

A sus padres de crianza siempre agradeció, su apoyo y confianza, y la semillita  de amor que sembraron en su corazón. Como persona de bien siguiendo los buenos pasos y la fe en el mañana de ser cada día mejor, el niño siguió creciendo en el cuerpo del hombre, que vivió con la bendición que Dios un día le dio.

 

Autor: Armando López Cordero.                Esc Las Lomas. Sexto nivel 2008.

 

Comprensión de lectura literal e inferencial del cuento Mi aventura de Crecer.

 

  • ¿Quién es el personaje principal mencionado en  la lectura?

  • ¿Con quién vivía el niño?

  • ¿Qué sentimiento se evidencia en el niño de acuerdo con la lectura?

  • ¿Qué hizo el niño para mostrar agradecimiento a sus nuevos padres?

  • ¿De qué se graduó?

  • ¿Qué sembró la familia en el corazón del niño?

 

 

 
SENSACIÓN DEL BOSQUE
 

 

  Había una vez, un sapo de color verde, que decidió andar y sentir en su cuerpo y su cara, la suave y fría brisa que soplaba, además escuchar el canto de las aves y otros insectos. Cuando todo es armonía y el silencio reina en el ambiente se escucha, ese canto incomparable sin igual.

El sapito de pintas verdes se fue alegre, saludando a todos cuantos encontraba en el camino. De pronto se sintió cansado y agotado. Se sentó y fue entonces, cuando decidió dirigirse al río, Cual fue  su sorpresa al encontrarse el río sucio y con mal olor. Incluso algunos peces, cangrejos y camarones estaban muriendo.

Al no comprender qué estaba sucediendo, se sintió triste. Pensó ¿qué estará pasando? Muy sorprendido se fue a buscar quién le pudiera ayudar, primero se encontró con el Martín pescador y le preguntó:

__ ¿sabe usted, por qué el río está sucio  los peces se están muriendo?

 

El Martín le contestó:

 

__ No lo sé. Preguntémosle a la hormiga guerrera.

__ ¿Sabe usted, por qué el río está sucio y los peces están muriendo?

La hormiga le contestó:

__ No lo sé. Preguntémosle al chucuyo.

El chucuyo contestó:

__ No lo sé.

Así se fue preguntándoles a todos los animales del bosque. Más ellos no sabían nada.

Entonces el sapito de color verde dijo: __ ya sé. Preguntémosle al gran árbol, que está cerca del río. Yo pienso que él si sabe que está sucediendo. Llegaron a la orilla del río donde estaba el gran árbol con sus frondosos y verdes ramas, en su corteza se ven las escalas, donde vivían los pajaritos, las ardillas y las plantas que ahí han vivido por mucho tiempo.

Cuando ellos llegaron encontraron al gran árbol triste, limpio y callado.  El sapito dijo:

 

__ Mi buen amigo, llegamos todos. Queremos preguntarle a usted ¿Por qué el río está sucio y los peces, cangrejos y los camarones están muriendo?

 

  El gran árbol le contestó:

__ Yo sé que todo lo que hay en este planeta se está terminando, por culpa de las razas superiores a nosotros que están destruyendo todo lo que creó Dios. Este es  el hábitat donde nosotros vivimos. 

El sapito no podía comprender lo que el gran árbol estaba diciendo. Entonces dijo:

__ Yo quiero que me cuenten bien, lo que está pasando con nosotros.

El gran árbol le contestó:

__ Siéntese en mi sombra. Yo les contaré. Hace mucho tiempo había muchos bosques que se veían reverdecer en la lejanía protegiendo muchos seres vivos, con un equilibrio eterno como lo dejó nuestro creador. Después llegaron hombres que sin pensarlo mucho, empezaron a cortar árboles, cazar animales, hacer negocios y destruir todo lo que encontraban a su paso, tirar a la basura a los ríos. Desde  ahí nosotros no tenemos esperanza alguna. Día con día vivimos en una constante amenaza. El sapito de color verde al oír esa historia se puso a llorar con los compañeros.

De pronto se consolaron entre ellos diciendo ¿Por qué no vamos a limpiar el día? Evitemos que sigan talando los árboles y contaminando el río. Invitemos a todos a hacer el trabajo y evitar que contaminen nuestro hogar.  En eso salió una señora sapa, y le dijo:

__ Usted tiene un amigo que se llama Sibô (Dios) quien nos dejó para cuidarnos entre todos los que vivimos en la Tierra, para dejar una buena herencia a las futuras generaciones y enseñarle al hombre a prevenir la destrucción de la naturaleza.            

    Autor: Stiven Figueroa Lázaro.  

V Nivel  Esc.  Yuavin.    2009

 

 

JUANITO, EL MENTIROSO

 

 

En un pueblito muy pequeño vivía un niño llamado Juanito. Iba a una escuela humilde, limpia y muy lejana, tenía paredes pintadas con alegres colores y con bellas decoraciones; pero lo que  más llamaba la atención era su nombre, se llamaba Escuela La Verdad.

Sucedió que un día Juanito llegó tarde a la escuela. A su encuentro salió la dulce maestra María y con ternura le preguntó:

__ ¿Por qué llegas tarde Juanito? Juanito no lo pensó dos veces y le contestó:

 __ Maestra cuando venía de camino de la parte más espesa de la montañilla que tenía que pasar,  me salió un enorme león. Tenía sus  dientes muy grandes y filosos, y las garras medían como un metro. Yo creo que era tan alto como una vaca y me asusté tanto que me escondí detrás de unos árboles hasta que al cabo de mucho rato se cansó de buscarme y se marchó. La maestra muy pensativa le tocó la espalda y dio una palmadita, agregando

__ No sabía que existieran leones feroces en este lindo lugar.

Al día siguiente, Juanito no presentó la tarea y cuando la maestra le preguntó, inmediatamente le contestó:

__ Maestra yo tenía la tarea bien hecha con dibujos y pintados pero claro tenía que llegar Carlitos, aquel chiquillo gordo y grande que se cree la mamá de Tarzán y me la quitó y la tiró en un charco. Fue por eso que no pude traerla.  La maestra lo miró tiernamente y de nuevo tocó su cabeza.

Así todos los días llegaba con una mentira diferente. Sus compañeritos ya no lo querían y no escuchaban sus mentiras que cada vez aumentaba en exageraciones.   Un día no llegó a la hora del   examen, por lo que le dijo a su maestra que una vaca lo estaba persiguiendo y por eso no pudo llegar.

Fue un lunes que amaneció con un  sol radiante sobre la montaña, el cielo se engalanó con un hermoso vestido color azul. Ahí frente al árbol de nance sucedieron las cosas. Justo cuando Juanito fue a dar el paso una enorme terciopelo picó su pie.

Juanito no volvió a clases. La maestra sabía que alguna historia exagerada le contaría al volver,  pero no volvió pronto. Así que pasadas casi tres semanas, la Maestra fue a visitar su casa. Al llegar y la madre ver a la maestra de su hijo le dijo:

__ pase  a verlo. No ve que cuando iba para la escuela, lo picó una culebra. Lo encontró un señor que iba a trabajar a su frijolar, ahí por el nance, llegando a  la quebradilla y lo trajo muy asustado. Lo llevamos a la Clínica de Buenos Aires. De ahí a Pérez Zeledón y tuvieron que cortarle la pierna porque tenía “cangrina”, por dicha que lo salvaron. Ahora no sé cuándo volverá a la escuela.

La maestra se puso muy triste porque si hubiera sabido ella misma le habría ayudado. Era tan cerca de la escuela.  “Si solo no mintiera tanto… pero no me imaginé”…

Saben, Juanito aprendió que no debía mentir. Desde ese día una profunda tristeza invadió su rostro.  Sus compañeros  iban a verlo y su maestra le explicaba la materia, trataban de alegrarle, pero era muy difícil ver dibujarse en su cara una corta sonrisa.  Desde ese día  les decía a sus amigos que nunca mintieran porque él había pagado muy caro sus mentiras. También aprendió  que sus compañeros y maestra eran personas importantes en su vida y que vivir es un regalo de Dios.

 

Escuela de Excelencia Las Lomas. 2-A.

 

Comprensión de lectura del cuento Juanito y sus mentiras.

 

1-¿Quién era el personaje principal del cuento?

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2-¿Cómo se llamaba la escuela a la que asistía Juanito?

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3-¿Por qué los compañeros de Juanito ya no lo querían escuchar?

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4-¿Qué le sucedió a Juanito cuando caminaba cerca del árbol de Nance?

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5-¿Qué pensó la maestra al enterarse de lo sucedido?

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6-¿Qué mensaje te deja la lectura?

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7-¿Qué le decía Juanito a sus amigos después de lo sucedido?

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8-¿Qué consejos tú les darías a los demás niños para que no les pase lo mismo que a Juanito?

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PINTITAS

 

 

Pintitas era un hermoso y alto caballo que vivía en la cumbre de un cerro, rodeado de bosques y aguas cristalinas. Disfrutaba diariamente los deliciosos pastos y se le veía corriendo y alzando la cola por los senderos en loca carrera. Pero lo que mas lo hacia feliz eran cuatro hermosas niñas que lo cuidaban y jugaban con él.

Un día de tantos empezó a preocuparse porque sus amigas no volvieron al bosque a jugar con él, ni las veía pasar cuando iban a la escuela del pueblo. Por lo que decidió buscarlas en la cabaña donde vivían con su madre. Allí las observó dormidas en sus camas y no despertaban, por más relinchos y patadas que hiciera.

De pronto quedó pasmado al ver a la mala serpiente Siforina, quien celoso de él y las niñas, les había inyectado veneno para dormirlas. Pintitas recordó que en lo alto del cerro, existía una cueva secreta, donde había una milagrosa flor, cuyo néctar servía de antídoto para salvar a sus amigas.

Corriendo como vuela el viento, subió hasta llegar exhausto a la entrada de la cueva, pero de inmediato se percató que la entrada era demasiado pequeña para un caballo grandote como él.

Abatido de tristeza permanecía sin moverse, cuando inesperadamente apareció el hada dueña de la cueva  y le dijo que podía ayudarle a entrar, pero debería reducirlo de tamaño hasta convertirlo en un caballo pequeñito, con la condición de que así se quedaría para siempre. Sin pensarlo dos veces Pintitas aceptó el sacrificio. Así pudo entrar a la cueva, encontrar el néctar y llevárselo a sus amigas para salvarles la vida.

Como las hadas son tan buenas; para que él no estuviera solo en esta tierra le hizo una compañera de su mismo tamaño. Desde entonces podemos ver una nueva raza de caballos: los pony. Son todos los hijos de Pintitas y su compañera que juegan felices en los prados  y en los bosques con todos los niños y niñas buenas.

 

Autora: Scarleth Arce Vargas-     Escuela Holanda- Sexto grado- 2008

 

Comprensión de lectura del cuento Pintitas.

  • ¿Quién era el personaje principal del cuento?

  • Describa a Pintitas

  • ¿Qué le pasó a las amigas de Pintitas?

  • ¿Qué hizo Pintitas para ayudar a sus amigas?

  • ¿Dónde suceden los hechos?

  • ¿En qué tiempo suceden los hechos?

  • ¿Qué valores te enseña la lectura?

  • ¿El desenlace del cuento es esperado o inesperado? ¿Por qué?

  • ¿Escribe en tu cuaderno  6 propósitos que practicarás para cuidar la amistad de tus amigos?

 

 

EL SUEÑO DEL ÁNGEL GABRIEL
 

 

Hubo una vez un lugar que lo llamaban Macondo, porque ya no existe, lo destruyó un tornado.  Ahí vivió un niño llamado Gabriel.  Era muy inquieto y no le hacía caso a su mamá. Un día la madre se enojó mucho y lo encerró en su cuarto, hasta que se comportara como un niño normal.

Gabriel pasó días y días llorando porque su madre no lo dejaba salir.  Uno de tantos días se cansó de llorar y se dedicó a leer libros y a escribir todos los sueños que soñaba.  Entonces como iluminado del cielo le llegó un sueño, donde él quería ser escritor. 

A él se le quitó lo inquieto y se hizo tranquilo. Entonces, la mamá lo dejó salir del cuarto, pero él se preguntó ¿qué voy a hacer afuera? Y se dijo: no mejor me quedo en mi habitación escribiendo todo lo que me sueño. Y no salió.

Hasta que un día llegó un gran escritor buscando personas para que trabajaran en una editorial y se encontró al famoso Gabriel. Le dijo que se fuera a la ciudad con él. Gabriel muy emocionado le dijo que sí, pero que se esperara hasta el día siguiente, porque tenía que empacar.

Pasó el día y llegó la dama noche vestida con su vestido negro. Gabriel sentía mientras dormía que el viento corría muy fuerte, pero no le importó. Igual siguió durmiendo. Cuando despertó sobresaltado, escuchó un fuerte vendaval que silbaba como si se hubieran abierto las compuertas del mismo infierno.

Era un tornado que venía para el pueblo de él. Muy asustado salió corriendo junto a su mamá, pero el tornado venía muy rápido y los alcanzó.  Ambos murieron.

¡Que sueño el de Gabriel! Así lo plasmó en sus escritos, con esa tan prodigiosa imaginación que tenía. Y lo hizo tan bien que tuvo mucho éxito. Hoy ese pueblo es famoso. Hasta una canción le compusieron. Su libro fue llamado Cien Años de Soledad.                                         

  Autor: Bryan Corrales.- Sexto grado 2010-  Esc. Holanda

Comprensión de lectura del cuento Juanito y sus mentiras.

1-¿Qué pasó en la vida de Gabriel que lo hizo tener pasión por escribir?

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2-¿Consideras tú qué sirve de algo el hábito de la lectura?

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3-¿Por qué se dice que ”la lectura es la madre de todos los sabios”?

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4-¿El desenlace del cuento es esperado o inesperado? Explique ¿por qué?

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5-¿Quién escribió el cuento?

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6- Realiza en tu cuaderno con ayuda de tu  compañera (o) o en forma individual una poesía con lo narrado en el cuento.

 

 

 

EL ESPERMATOZOIDE ENAMORADO

 

 

Espermat era un pequeño que vivía en el planeta Hombre.

Espermat como lo llamaban sus amigos con cariño, nunca fue el mejor de su escuela, no aprendió a sumar ni a restar. En lo que nadie le ganaba era en la clase de educación física, movía su larga cola como nadie lo hacía, logrando alcanzar altas velocidades, Su cabeza era fuerte y dura.

Por ese tiempo llegó el rumor de que en la ciudad Ovario del planeta Mujer vivía una hermosa chica llamada Óvulo. Era tanta la belleza de aquella joven que la tenían vigilada siempre en  una cápsula muy segura para que sólo el más fuerte pudiera tenerla.

En el país Testículo todos estaban obsesionados con aquella chica. Pero nadie como Espermat, quien había logrado conseguir una fotografía de ella. Guiado por su amor llevó a cabo muchas averiguaciones y se enteró que trasladarían a Óvulo a un lugar donde ya nadie podría alcanzarla, irían por el camino de las Trompas de Falopio.

Para poder ir al planeta Mujer debería esperar que hubiera un eclipse de amor, momento en el cual se uniera el planeta Hombre con el planeta Mujer. Pacientemente esperó.

Al fin llegó el día del eclipse de amor y Espermat se introdujo en el planeta Mujer para llegar a su meta… pero no iba solo, cientos de sus amigos lo acompañaban. El camino era largo y duro, muchos de los que habían salido del planeta Hombre murieron pero Espermat seguía luchando, aunque sentía que ya no podía más.

Justo en ese momento apareció Óvulo con su cápsula que era más fuerte de lo que él pensaba, pero no se dio por vencido. Tomó impulso, preparó su cabeza y cataplún rompió la cápsula de un solo impacto.  Fue tan, pero tan fuerte el golpe que en el acto perdió su cola, pero no le importó.  Ya estaba con la chica adorada de sus sueños.

Cuenta la historia que era tanto el amor entre ellos dos, que el destino los premió al convertirlos en el planeta llamado Bebé.

 

Autora: Jeimy Daniela Zúñiga Zúñiga.     Escuela Holanda- Quinto  grado- 2005

 

Comprensión de lectura del cuento Un Espermatozoide enamorado.

 

1-¿Cómo era Espermat? Cite al menos 5 características.

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2-¿Dónde vivía Espermat?

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3-Cite  3 características de Óvulo?

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4-¿Dónde vivía Óvulo?

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5-¿Cuál es el tema central narrado en el cuento? ________________________________________________________________

6-¿Quién escribió el cuento?

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7- Realiza en tu cuaderno con ayuda de tu  compañera (o) o en forma individual una poesía con lo narrado en el cuento.

 

 

LOS MEJORES AMIGOS VAN DE PASEO

 

 

Un día de estos estando en mi casa llegaron unos compañeros a invitarme a ir al río. Mi mamá me dijo:

__Hijo ve con ellos, pero te portas bien.

__No mami. Usted queda sola haciendo el oficio de la casa y está mal de la espalda. – le contesté.

Pero mis amigos insistieron en que fuera con ellos y me convencieron.

__Pasamos dos horas caminando y poniéndonos al día en las últimas novedades del grupo de amigos y conocidos. Un que otro chiste y juego surgió al calor del momento con que entretenernos. Fuimos Byron, Alexis, Dayana, Anixia y yo.

Apenas llegamos nos sumergimos al agua, Byron y Alexis se fueron a una peña alta e hicieron el clavado de los más locos y suicidas que he visto en la vida.

Dayana después de que no se quería bañar, se le ocurrió comerse un poco de comida chatarra y luego sumergirse en el río, sin esperar a que se digiriera la comida.

No más ¿imagínense lo que pudo ocurrir con la acción tan indebida que ella hizo?

Pues, al rato le quiso dar un patatús y tuvimos que sacarla del agua y llevarla al hospital.

Como buenos amigos que somos, nos dimos a la tarea de llamar a su mama y fue hasta en ese momento que me di cuenta que tanto ella como algunos de mis amigos se habían ido al río sin el permiso de sus padres. Y me dije:

_ ¡Ay Dios! Y ahora que va a decir esa señora de nosotros. Para peor yo entro en el grupo de “los carme molida”.  Gracias a Dios cuando llegó no reparo en mí.

Los doctores que estaban de guardia en ese momento en el centro médico nos dijeron que posiblemente ella se había intoxicado por algo que había comido.

_ ¡Que dicha que todo salió bien y no pasó a mayores! _pensé.

Cuando Dayana se sintió bien le dieron medicamentos y la enviaron para la casa.

He reflexionado: Siempre cuando los hijos desobedecen a sus padres, les pasa algo malo. Por eso yo les aconsejo niños y niñas lectores de cuentos “Obedezcan a sus padres”, que quienes honran a su padre y madre, solo reciben bendiciones del cielo.

Autor: Jean Carlo Robles Vidal.           -        Escuela Holanda- Sexto grado- 2008

 

 

Comprensión de lectura de “Los mejores amigos van de paseo.”

  • ¿Cómo se llama el personaje qué narra la historia?

  • ¿Quiénes fueron de paseo al río?

  • ¿Qué le pasó a Dayana?

  • ¿Por qué crees que a Dayana le aconteció lo narrado en la historia?

  • ¿Qué antivalores se encuentran presentes en la lectura?

  • ¿Qué valores se encuentran presentes en la lectura?

  • ¿Qué consejo le darías a Dayana y a los chicos del paseo para que no vuelvan a exponerse al peligro?

 

 

 

GÜICHITO ROBLES
 

 

Cada día hilvanaba sus remembranzas. En ocasiones en luna llena miraba el cielo con su gran disco plateado. Otras veces en noches oscuras con su gran cantidad de corozos titilantes o simplemente oteaba hasta que las cuencas de sus ojos se cansaban de mirar el infinito vacío.  Así era su vida desde que ella lo dejó.

No hizo nada por buscarla y es que ¿a dónde lo iba a hacer?  Ella tan fina y  educada; acostumbrada a las comodidades.  Algún día tenía que irse.  En una oportunidad le dijo que lo amaba cuando él le regaló un ramo de rosas y un hermoso tango que le había compuesto.

Se sintió el hombre más feliz de la tierra.  Era tan suave, con su pelo amarillito y su piel rosada.  Con aquellas hermosas curvas que daban ganas de mirarla y seguir mirándola. Por poco le daba miedo tocarla, porque la consideraba casi un ser celestial.  Sí, Dios lo había bendecido.

¿Cuánto le dolía ahora en los años maduros aún su abandono?  Y es que, ¿cómo sus padres iban a permitir que se casara con él, siendo él un vulgar trovador? Eso debió haber sucedido. Por eso tuvo que haberse marchado.  Sabía leer, también escribir, tocar algunas latas de sardina y su armónica de las que sacaba bellas y simples melodías. Sabía componer canciones que tocaba en las fiestas de San Pedro a las personas, que a veces por caridad o por no hacer otra cosa, se dignaban escucharlo algunos minutos.  Pero sobre todo sabía trabajar la tierra como pocos labriegos.

Usualmente, cuando bajaba en la madrugada rumbo hacia su pedacito de tierra iba rumiando sus pensamientos.  A nadie se topaba, ni un alma en pena.  Eran esas horas en que el alba despunta al amanecer y el sol se asoma sonriente sobre la cresta de los árboles en la distancia que más le gustaba contemplar.

Después del día de labranza enrumbaba hacia su casucha de cuatro paredes donde lo esperaba soledad y más cavilaciones. A la una de la tarde cruzaba el pueblo.  Su Buenos Aires querido, que le había acogido como un hijo de la Patria desde que decidió alejarse de aquello que en otrora fue amado y perdido.  Continuamente se le veía caminar con paso lento, arrastrando sus zapatos más grandes que los pies, ropa más amplia y un sombrero pequeño con bastante ayuno de agua y jabón donde se escondían quién sabe cuántas canas. Topábase con rostros conocidos muchas veces.

__ ¿Cómo le va Güichito?

__ ¡Que Dios lo acompañe!

Siempre masticando su saco de recuerdos, de vez en cuando felices, otros dolorosos.  El mismo hombre pequeñito que recorría las calles del pueblo con sus ojos cansados velados por el tiempo.  Por su rostro había bajado tanto sudor que ya había surcado caminos y su tez se había quemado como el color de las arepas al dorarse.

Sólo trabajo y más fatiga. Reminiscencias. Qué alegría cuando alguien en ocasiones, por compasión, interés o por no sé qué, se acercaba a hablar. Y es que eso era una novedad gratificante en su vida.  Se sentía así, ignorado, insignificante como un pequeño pececillo en la inmensidad del majestuoso océano.

Y es que esas pupilas cansadas, guardaban un puñado de historias.  Tenía dos hermanos que no veía desde hacía más de veinte años. Vivían por el lado de San Ramón, allá donde conoció su María Esther.

Cuando la recordaba sus ojos se encendían con una gran luz y regocijo, como cuando el amor cabalgando en un prieto ha entrado a hurtadillas por la puerta, haciendo crecer un sentimiento en forma avasalladora y desbordante.  Así era su amor por María Esther.

El sol se estaba apagando.  Jadeante se retiraba a dormir detrás de las montañas. Poco a poco el crepúsculo se fue tiñendo de múltiples matices, mientras las nubes alegres bailarinas danzaban pintando retazos blancos en el cielo. La felicidad inundó su alma al contemplarlo y revivir remembranzas guardadas en el baúl de los recuerdos, justo cuando su amada estaba aún a su lado, cuando le dijo que lo amaba.

A medida que hilaba sus memorias, su mirada iba tornándose triste. Un dolor se le incrustó en el pecho, ahí en lo profundo del corazón, donde duelen más los dolores….Su pedacito de felicidad se había trocado en pesadilla. Fue precisamente una de esas tardes cuando recibió la nefasta noticia, justamente aquellas palabras que hicieron  que el cielo se cayera sobre su cabeza: “María Esther ha partido…." Observar aquello lo hacía devolverse muchos años atrás; donde sentía una daga profunda y helada herir su aliento como la mano de la muerte que le había arrebatado lo más querido.

El sabor salado de una lágrima invadió su paladar. Dos cristales líquidos, brillantes rodaron por sus mejillas.  Así cruzó la calle.           Se escuchó un fuerte chirrear de frenos, un fuerte empellón lo hizo volar por los aires. Un dolor agudo escoció sus entrañas. Voces y pasos que corrieron por el pavimento. Luego oscuridad como un abismo profundo, silencioso y negro.

Techo blanco sobre su cabeza. Camillas con sabanas inmaculadas. Mujeres y hombres de vestidos blancos corrían en su ir y venir por el pasillo. Nadie fijaba la atención en él. Tiempo después, horas que parecieron eternas, alguno de todos los del Servicio de Emergencias reparó en su ser, precisamente, cuando ya la angustia se le hacía casi insoportable, le debilitaba cada vez más, escapándosele con quejidos ahogados que le dejaban retorciéndose, cada vez más fuertes.

Se sintió un manojo inservible. Quiso recorrer algún pedazo de pasillo para entretener aquel dolor desesperado, mas sus piernas no quisieron responder. Un pinchazo en la vena. Una sensación helada. Tal vez la inyección le calmaría tan insoportable agonía. Como retazos de una vieja película  vio correr fragmentos de su existencia ante sus ojos y sintió urgente ansias de volver a casa. Tal vez esta vez, alguien lo esperase. Aquella molestia incesante poco a poco fue adormeciéndose.  El personal médico dejó de prestarle atención, posiblemente otros pacientes pagaban más Seguro Social que él. Así es la vida de los pobres.  Entonces sintió  mucha sed, y llamó a alguien que le alcanzara agua, nadie osó ser misericordioso con él.

Como pudo se puso de pie y emprendió el camino de regreso a casa. La noche se había vestido de oscuro traje; sólo las luces de los faros de mercurio marcaban el camino por donde sus pasos vacilantes debían arrastrar aquel cuerpo adolorido.  Un carro, otro carro y otros más transitaron. Mientras él cargaba con su dolor al hombro. Vio de camino, algunos rostros familiares… quiso pedirles ayuda, pero estos pasaron de largo y no se dignaron ni a saludarle. Hasta que al fin llegó. Dejó descansar su miserable humanidad en la rústica camilla.

Ahí estaba ella.  Después de tanto tiempo de haberse marchado, había venido. Qué alegría le llenó el corazón, justamente en el momento en que más la necesitaba;  seguro aquellas manos angelicales lo curarían.

__ He venido para llevarte a mi lado, le dijo. Lágrimas de gratitud brotaron y sobre sus regazos recostó su cabeza, mientras se entregaba a un ratito de descanso.

Cuando muy de mañana los enfermeros pasaron a hacer su ronda, encontraron al difunto con una sonrisa en los labios.  Procedieron entonces a hacer los trámites de rigor para estos casos, mientras se preguntaban ¿qué habría visto en la hora de la muerte que lo había hecho abandonar este mundo con una sonrisa?

 

Autora: Profesora Trinidad Beita Vargas       

Esc Holanda.

Primer lugar en cuento Certamen Óscar Valverde Acuña. 2010. Nivel circuital.

Tercer lugar en cuento Certamen Óscar Valverde Acuña. 2010. Nivel regional.

 

 

LOS DOLORES DE LA FELICIDAD

 

 

“A mi madre y mi esposa junto con todos los ángeles que llamamos: Mamá, en su día”

El calendario indica alguna fecha y el reloj daba la hora en la que se marcase algún segundo; de día o de noche da igual: si se pudiera ver algo desde adentro se observaría que todo era oscuro… es el inicio. Poco a poco y con el pasar de las horas -quizá días ó semanas- la conciencia del sujeto -aún sin nombre- comienza a aflorar y mientras que algunos ángeles cantan y juegan, otro se esmera por concretar su misión.

El tiempo final avanza y aquel individuo permanece allí sin saber con exactitud su destino; entre tanto el ser celestial se esmera por adecuar lo que viene a continuación. De pronto, es como si alguien destapase los oídos de aquella persona y se escuchasen las voces de extraordinarios seres que hablan de bondades y maldades; pero al final, lo único que quisiera sentir -probablemente- es si alguien conoce sobre su existencia en este cálido lugar, donde no existe la economía ni el tiempo y que ahora parece ser pequeño ¿Cómo salir de allí? ¿Cómo emerger de la única realidad conocida?

Percibe entonces la presencia de su ángel y se marcan los deseos de vivir, de sentir, de ver y conocer la sonrisa y la ira, la alegría y el sufrimiento, de estar acompañado y disfrutar la soledad. Es probable que se preguntase: ¿Por qué estoy aquí?; pero: ¿quién le respondería en aquella oscura habitación? siquiera podría escuchar el movimiento de sí mismo, aunque era evidente la imposibilidad para expresar libertad en dicho recinto.

En el ruidoso silencio, el olfato de las hadas perciben el olor del verdadero amor y conceden la gracia de degustar el abrigo otorgado por las caricias de aquel ángel que inexplicablemente le ha amado y bajo el oscuro sol propio de la mañana, cae el objeto que desgarró el paraíso.

Un líquido semejante al agua y que quizá alguna vez, fue capaz de dibujar las órbitas concéntricas de enigmáticos sonidos que deseó escuchar, palpar y comprender, ahora se derrama... Tal vez, este individuo construyese imágenes nunca vistas en su pequeña pero no menos inquieta imaginación, capaz de creer que alguien le alentaba para salir de allí e integrarse a todo lo que desconociese hasta ese momento. Es factible que luego de observar el agua y ante la pregunta: ¿por qué tal afinidad?, nuestro humano protagonista afirme no saberlo y recalque que únicamente le trae paz. Por ahora, entre transparentes pensamientos y líquidas frecuencias es necesario sobrevivir.

Parecía que todos los seres divinos desaparecían -excepto uno- y los restos aciagos de aquel líquido derramado, se acompañaban de gemidos que gota a gota se escuchan producto de la dolorosa felicidad. ¡No era posible! Sin saber el significado del reflejo observado, aquella persona se dejó impresionar y corrió en busca de su ángel por el canal que conducía hacia el destello que derrotó la densa oscuridad habitada en sus ojos: ¡La libertad estaba cerca! Al fin podría escabullirse de aquel perímetro que gentilmente le había albergado por algún tiempo; pero que ahora era estrecho.

El tiempo había llegado y desde ahora todos los planes eran perceptibles. Era el momento de probar aquello que alguien dijo acerca de su presencia y que con ansias debía descubrir, eran los tiempos para iniciar una nueva vida, para aprender y dejarse impresionar por todo lo que le rodearía. Tras una primera mirada, un ser mágico le abrazó y lo besó.

Hoy, tras girar el planeta unas cuantas veces alrededor del sol, se hacen efectivos los recuerdos olvidados de algún héroe; quizá ingeniero, poeta, abogado, músico, doctor ó un simple residente del mundo; que creyendo en la vida, dicen ¡SI! y dejando de ser simples mortales se trasfiguran en ángeles… nueve meses antes ya Judith se había convertido en un ser celestial y a las seis de la mañana nació Gabriel el hijo de Judith.

 

Autor: Jorge Andrés Fonseca Brenes.     .   Colegio Técnico Profesional de Buenos Aires

Segundo lugar en cuento Certamen Óscar Valverde Acuña. 2010. Nivel circuital.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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